Historia general · Malintzin y las mujeres de la conquista
En resumen: Malintzin (la Malinche, doña Marina) fue la intérprete y mediadora de Hernán Cortés desde 1519, pero no fue la única mujer entre dos mundos. Su historia ayuda a entender el mestizaje, los matrimonios y las alianzas con pueblos indígenas que hicieron posible la conquista de México, y obliga a ir más allá de la etiqueta de «traidora».
La conquista de México no puede comprenderse únicamente a través de Hernán Cortés y sus soldados. Entre sus protagonistas destacó una mujer indígena cuya capacidad lingüística y conocimiento de las sociedades mesoamericanas la convirtieron en una figura clave: Malintzin, conocida también como Malinche o doña Marina. Su historia es mucho más compleja que la imagen de traidora que, durante siglos, ha acompañado a su nombre.
Pero Malintzin no estuvo sola. Junto a ella, otras mujeres —nahuas, tlaxcaltecas, taínas, incas— actuaron como intérpretes, esposas, madres y puentes entre mundos. A través de ellas podemos entender tres procesos que definieron la América hispana: la mediación, el mestizaje y las alianzas entre españoles y pueblos indígenas. En este artículo repasamos los tres, y completamos nuestra efeméride del 12 de octubre de 1492.

De Malintzin a doña Marina
Malintzin nació probablemente hacia el año 1500 en el sur de la actual Veracruz, cerca de la cuenca del Coatzacoalcos. Según Bernal Díaz del Castillo, que la conoció de cerca, era hija de un cacique y fue entregada a unos mercaderes tras la muerte de su padre, de modo que acabó en tierras mayas de Tabasco. Es un relato que conocemos por una sola fuente española y que conviene tomar con cautela. Lo que sí sabemos es que creció entre dos mundos lingüísticos: hablaba náhuatl, la lengua del poder mexica, y maya chontal, la de la costa.
En marzo de 1519, tras la batalla de Centla, los caciques de Tabasco entregaron a Cortés un grupo de mujeres, entre ellas Malintzin. Los españoles la bautizaron como Marina y, por el respeto con que los indígenas se dirigían a ella, empezaron a llamarla «doña Marina». Los propios indígenas llamaban a Cortés «Malinche», es decir, «el hombre de Malintzin», porque ella siempre estaba a su lado cuando hablaba.
Su don era la lengua. Cuando la expedición llegó a la costa de Veracruz se formó una cadena de traducción singular: de Cortés a Jerónimo de Aguilar, un náufrago español que hablaba maya yucateco; de Aguilar a Malintzin, que pasaba el mensaje del maya al náhuatl. Con el tiempo, ella aprendió castellano y Aguilar dejó de ser necesario.

Más que una intérprete
Reducirla a «la lengua» sería un error. En las sociedades mesoamericanas, el discurso diplomático seguía reglas muy precisas: fórmulas de cortesía, metáforas, jerarquías en el trato. Traducir bien exigía conocer ese lenguaje político, y Malintzin lo conocía. Por eso los códices indígenas la representan de pie junto a Cortés, a veces más grande que él, y con la mano alzada hablando. En el Lienzo de Tlaxcala y en el Códice florentino aparece en numerosas escenas de negociación.
Es llamativo el contraste con las fuentes españolas. Cortés apenas la menciona en sus cartas al rey; Bernal Díaz, en cambio, le dedica páginas enteras. Los historiadores interpretan ese silencio de formas distintas, pero casi todos coinciden en algo: los pueblos indígenas la veían como la interlocutora real de los españoles, y de ahí el nombre.
Su participación fue decisiva en momentos clave: las negociaciones con los tlaxcaltecas en septiembre de 1519, la matanza de Cholula en octubre de 1519, y la entrada en Tenochtitlan y el encuentro con Moctezuma el 8 de noviembre de ese año. Sobre Cholula, Bernal Díaz cuenta que una anciana la avisó de una emboscada y ella informó a Cortés. Es una historia muy discutida: no sabemos si hubo realmente tal complot o si se utilizó para justificar la matanza. En cualquier caso, ilustra hasta qué punto la información que Malintzin transmitía podía cambiar el curso de los acontecimientos.

Otras mujeres entre dos mundos
Malintzin es la mediadora más célebre, pero no la única. En casi todos los escenarios de la conquista aparecen mujeres que, voluntariamente o no, ocuparon un lugar intermedio entre españoles e indígenas.
Caribe y Mesoamérica
En el Caribe, Anacaona, cacica de Jaragua, en La Española, gobernó junto a su hermano Behecchio y recibió con hospitalidad a los españoles de Nicolás de Ovando. Terminó ejecutada en 1503, tras la matanza que acabó con el cacicazgo: un recordatorio de que la mediación no siempre salvaba a quien la practicaba.
En Tlaxcala, doña Luisa Xicoténcatl, hija de uno de los grandes señores de la confederación, fue entregada a Pedro de Alvarado como parte del pacto de 1519. Según Bernal Díaz, los tlaxcaltecas la trataron como señora principal. Tuvo con Alvarado a don Pedro y a doña Leonor, y su familia acompañó al conquistador en las campañas de Guatemala.
En Tenochtitlan, Tecuichpotzin, hija de Moctezuma y bautizada como doña Isabel Moctezuma, pasó de ser princesa mexica a esposa sucesiva de varios gobernantes y conquistadores: se casó con Cuitláhuac y con Cuauhtémoc, y más tarde con varios españoles. Recibió tierras en Tacuba. Su vida muestra cómo la nobleza indígena fue integrándose, a menudo a la fuerza, en el nuevo orden.
Los Andes y la resistencia
En el Perú, Quispe Sisa, hija de Huayna Cápac y bautizada como doña Inés Huaylas Yupanqui, fue compañera de Francisco Pizarro. De esa relación nació doña Francisca Pizarro Yupanqui, considerada la primera mestiza noble del Perú y legitimada por real decreto en 1536.
Décadas después, en 1572, el virrey Toledo casó a Beatriz Clara Coya, nieta de Manco Inca, con el capitán Martín García Óñez de Loyola, el mismo que había capturado a su tío Túpac Amaru I. Fue un matrimonio de claro valor simbólico para validar la conquista.
En el otro extremo está La Gaitana, cacica de los yalcones en la actual Colombia, que encabezó la resistencia armada contra los españoles. Recordarla importa: la mediación no fue la única respuesta posible de las mujeres indígenas. Algunas negociaron, otras sobrevivieron y otras lucharon.
Mestizaje y matrimonios
Las mujeres españolas fueron muy pocas en las primeras décadas de la conquista, y los hombres que llegaron a América establecieron relaciones con mujeres indígenas. Esas relaciones fueron de naturaleza muy diversa, y aquí conviene ser precisos para no caer ni en la leyenda rosa ni en la negra. Hubo matrimonios formales con mujeres de la nobleza, uniones consentidas, concubinato y también violencia, esclavitud y entrega forzada de mujeres. Todo ello convivió.
La posición de la Corona
La Corona tomó posición pronto. Las instrucciones a Nicolás de Ovando en 1503 ya fomentaban los matrimonios entre cristianos e indias. Una real cédula de 14 de enero de 1514, firmada por Fernando el Católico, proclamó que los indios eran libres para casarse con quien quisieran, incluidos los españoles, sin que nadie pudiera ponerles obstáculos. La legislación apoyaba, por tanto, la unión legal entre ambas comunidades, lo que sentó una base jurídica distinta de la de otros imperios coloniales de la época.
Los hijos de estas uniones
En la práctica, el resultado fue una sociedad nueva. Los hijos de estas uniones, los mestizos, ocuparon posiciones muy variadas. Martín Cortés, hijo de Cortés y Malintzin, nacido hacia 1522 y a veces llamado «el Mestizo», fue legitimado por el papa Clemente VII y viajó a España, donde sirvió como paje del príncipe Felipe. En el Perú, el Inca Garcilaso de la Vega, hijo de un capitán español y de una princesa inca, Isabel Chimpu Ocllo, escribió los Comentarios reales y se convirtió en uno de los primeros grandes escritores mestizos. En Tlaxcala, Diego Muñoz Camargo compuso una historia de su pueblo desde ambos mundos.
A medida que la sociedad colonial se consolidó, el mestizaje se volvió también un problema para las autoridades, que lo clasificaron en categorías jurídicas y sociales cada vez más rígidas, hasta llegar a las pinturas de castas del siglo XVIII. Pero el origen fue otro: unas uniones tempranas, desiguales, a veces afectivas y a veces impuestas, que dieron forma a la población de la América hispana actual.
Alianzas entre españoles y pueblos mesoamericanos
Aquí está la clave que suele olvidarse. Cortés desembarcó en 1519 con unos 500 hombres; el Imperio mexica gobernaba, directa o indirectamente, a millones de personas. Ninguna fuerza tan pequeña pudo derribarlo sola. Lo que ocurrió fue que los españoles encontraron un territorio fracturado y supieron —con ayuda de Malintzin— aprovechar esas fracturas.
De Cempoala a Tlaxcala
El primer aliado fue Cempoala, ciudad totonaca de la costa, cuyo cacique, harto de pagar tributo a los mexicas, vio en los españoles la oportunidad de sacudirse el yugo. Después llegó Tlaxcala: tras varios combates en septiembre de 1519, los tlaxcaltecas, enemigos históricos de México-Tenochtitlan, decidieron aliarse con los recién llegados. Sellaron el pacto con la entrega de mujeres nobles a los capitanes españoles, siguiendo una tradición mesoamericana en la que los matrimonios entre linajes servían para cerrar alianzas.
El sitio de Tenochtitlan
A partir de ahí se sumaron otros pueblos: Huejotzingo, Texcoco, Chalco, Tepeaca y muchos más. Durante el sitio de Tenochtitlan, en 1521, los guerreros indígenas aliados superaron ampliamente en número a los españoles: las cifras exactas son inciertas, pero las fuentes hablan de decenas de miles. Fueron ellos quienes transportaron los bergantines desmontados hasta el lago de Texcoco, y quienes sostuvieron buena parte del combate.
A esto se sumó la viruela, que llegó con la expedición de Narváez en 1520 y causó una mortalidad enorme en Tenochtitlan en los meses previos al asedio. La caída de la ciudad, el 13 de agosto de 1521, fue por tanto el resultado de una coalición: españoles, pueblos aliados, enfermedades, tecnología y política.

Los aliados no lo olvidaron. Los tlaxcaltecas reclamaron durante generaciones los privilegios que les prometieron —exención de tributos y reconocimiento como «leales vasallos»— y los dejaron escritos en documentos como el Lienzo de Tlaxcala, donde Malintzin figura de forma destacada. Aun así, la victoria no los hizo señores de México: pasada la guerra, quedaron integrados en el nuevo orden colonial como el resto.
¿Traidora o superviviente?
Con el paso del tiempo, la figura de Malintzin adquirió significados diferentes. En determinados relatos nacionales mexicanos, su nombre se convirtió en símbolo de traición por su colaboración con Cortés, hasta el punto de que «malinchista» sigue usándose como insulto. No obstante, esta interpretación deja de lado varias cosas. Primero, que «México» como nación no existía en 1519: los pueblos de Mesoamérica tenían identidades propias, y muchos veían a los mexicas como opresores. Segundo, que Malintzin fue entregada como esclava, con muy poco margen de elección. Y tercero, que no fue ella quien decidió la guerra.
Hoy, muchos estudios históricos —como los de Camilla Townsend, que le dedicó el libro Malintzin’s Choices (2006)— proponen analizarla como intérprete, mediadora y protagonista de su tiempo, sin idealizar sus acciones ni juzgarla mediante una etiqueta única. Es una mujer que sobrevivió, se adaptó y dejó una descendencia que forma parte de la historia de México. Se casó con Juan Jaramillo, un hidalgo español, hacia 1524, y tuvieron una hija, María. Murió joven, hacia 1529.

Una historia que nos obliga a mirar más allá
Su historia nos recuerda que la conquista de América no fue un enfrentamiento sencillo entre dos bloques homogéneos. Fue un proceso complejo en el que participaron numerosas sociedades y personas con intereses, estrategias y experiencias muy diferentes. Mediadoras, esposas, madres, aliados, rivales, intérpretes: todos ellos convirtieron una expedición de unos cientos de hombres en la transformación de un continente.
Malintzin ocupa un lugar fundamental en la historia porque nos obliga a mirar más allá de los grandes conquistadores y a recuperar la voz de quienes también contribuyeron a transformar el rumbo de un continente.
Preguntas frecuentes sobre Malintzin
¿Quién fue Malintzin?
Malintzin, también llamada la Malinche o doña Marina, fue una mujer nahua que, desde 1519, trabajó como intérprete y mediadora de Hernán Cortés. Hablaba náhuatl y maya, aprendió castellano y participó en las negociaciones con los pueblos de Mesoamérica. Murió joven, hacia 1529.
¿Fue Malintzin una traidora?
Los historiadores actuales rechazan esa etiqueta. En 1519 no existía una nación mexicana que traicionar, Malintzin fue entregada como esclava y la caída de Tenochtitlan se explica por una coalición de pueblos indígenas, las epidemias y la estrategia militar, no por una sola persona.
¿Los españoles se aliaron con pueblos indígenas en la conquista de México?
Sí. Cempoala, Tlaxcala, Huejotzingo, Texcoco y otros pueblos se aliaron con Cortés contra el dominio mexica. Decenas de miles de guerreros indígenas participaron en el sitio de Tenochtitlan en 1521, y la caída de la ciudad no se entiende sin esas alianzas.
¿Quieres ver cómo era la España de la época? Compra tu entrada al Museo L’Iber y recorre la historia de España en miniatura en nuestra colección permanente.
Fuentes
Fuentes históricas y estudios
- Bernal Díaz del Castillo, Historia verdadera de la conquista de la Nueva España, y Hernán Cortés, Cartas de relación.
- Fray Bernardino de Sahagún, Códice florentino, libro XII; Lienzo de Tlaxcala.
- Camilla Townsend, Malintzin’s Choices: An Indian Woman in the Conquest of Mexico (University of New Mexico Press, 2006): UNM Press.
- Matthew Restall, Seven Myths of the Spanish Conquest (Oxford University Press, 2003).
- Frances Karttunen, Between Worlds: Interpreters, Guides, and Survivors (Rutgers University Press, 1994).
Mujeres, matrimonios y alianzas
- Real cédula de 1514 y mestizaje: Libertad Digital (divulgación; conviene contrastarla con Richard Konetzke, Colección de documentos para la historia de la formación social de Hispanoamérica).
- Mujeres tlaxcaltecas y el pacto de 1519: Noticonquista (UNAM).
- Beatriz Clara Coya: Real Academia de la Historia. Inés Huaylas Yupanqui (Quispe Sisa): Wikipedia.
- Malintzin: Wikipedia y Rutgers.
Imágenes
- Imagen de cabecera: ilustración generada con inteligencia artificial para el Museo L’Iber; no es un documento histórico. El resto son ilustraciones coloniales del siglo XVI o reproducciones antiguas de ellas.
Sobre el autor — Alejandro Noguera Borel, Director del Museo L’Iber y de la Fundación Libertas 7. En el mundo del soldadito desde los años 70.
CV · LinkedIn · Academia.edu · Google Scholar
