El Alamein (1942): el punto de inflexión en el frente africano

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El Alamein (1942): el punto de inflexión en el frente africano

En octubre de 1942, en un remoto sector del desierto egipcio situado entre el Mediterráneo y la depresión de Qattara, se libró una de las batallas decisivas de la Segunda Guerra Mundial. La Segunda batalla de El Alamein, desarrollada entre el 23 de octubre y el 4 de noviembre de 1942, enfrentó al VIII Ejército británico, dirigido por el teniente general Bernard Montgomery, con las fuerzas germano-italianas del Ejército Panzer de África, comandadas por Erwin Rommel.

El enfrentamiento no fue simplemente una nueva batalla entre las fuerzas del Eje y los Aliados. El Alamein marcó el final de la gran ofensiva de Rommel hacia Egipto y obligó a las fuerzas del Eje a iniciar una retirada que las llevaría desde Libia hasta Túnez. Para los Aliados, la victoria supuso un cambio fundamental en la dinámica de la campaña norteafricana.

Pero para comprender por qué El Alamein adquirió semejante importancia hay que retroceder unos meses, hasta el verano de 1942.

El camino hacia El Alamein: Rommel llega a las puertas de Egipto

La guerra en el norte de África había comenzado en 1940, cuando la Italia de Mussolini lanzó su ofensiva desde Libia contra Egipto, entonces bajo control británico. La importancia estratégica de la región era enorme: el canal de Suez constituía una vía de comunicación fundamental para el Imperio británico y conectaba el Mediterráneo con las rutas hacia Oriente Próximo y Asia.

Tras los primeros fracasos italianos, Alemania intervino para reforzar a su aliado. En febrero de 1941 llegó a Libia el general Erwin Rommel, al frente de las primeras unidades del Deutsches Afrika Korps. Su capacidad para maniobrar en el desierto y explotar las debilidades de las posiciones enemigas le proporcionó una reputación extraordinaria.

Durante 1942, la situación volvió a inclinarse a favor del Eje. La ofensiva iniciada por Rommel en mayo culminó con la caída de Tobruk el 21 de junio de 1942, un golpe muy importante para los Aliados. Las fuerzas británicas se retiraron hacia Egipto y Rommel continuó su avance.

El objetivo estratégico era enorme: alcanzar Egipto, amenazar Alejandría y, en última instancia, poner en peligro el canal de Suez.

Sin embargo, la ofensiva había llevado a las fuerzas del Eje hasta el límite de sus posibilidades logísticas. Cuanto más avanzaba Rommel hacia el este, más se alejaban sus unidades de sus principales bases de abastecimiento en Libia. El combustible, las municiones, los repuestos y los vehículos comenzaban a escasear.

Fue entonces cuando apareció El Alamein.

Un lugar aparentemente insignificante que se convirtió en una fortaleza

El Alamein era originalmente poco más que una pequeña estación ferroviaria situada a unos cien kilómetros al oeste de Alejandría. Sin embargo, su posición geográfica ofrecía una ventaja excepcional para la defensa.

Al norte se encontraba el mar Mediterráneo y al sur la enorme depresión de Qattara, un terreno que dificultaba enormemente el movimiento de grandes formaciones militares. El espacio disponible para maniobrar quedaba así considerablemente reducido.

Mapa de la Segunda batalla de El Alamein con las posiciones y movimientos de las fuerzas aliadas y del Eje
Mapa de las principales posiciones y movimientos de las fuerzas aliadas y del Eje durante la Segunda batalla de El Alamein, 1942.

La geografía convirtió El Alamein en un auténtico cuello de botella estratégico.

Tras los combates de julio, las fuerzas británicas consiguieron detener el avance de Rommel en la Primera batalla de El Alamein, desarrollada entre el 1 y el 27 de julio de 1942. La ofensiva del Eje había llegado a su límite.

La batalla de julio no decidió todavía la campaña, pero permitió a los británicos ganar algo que necesitaban desesperadamente: tiempo.

La llegada de Montgomery y la preparación de la ofensiva

Después de la crisis del verano de 1942, el mando británico reorganizó sus fuerzas en Oriente Próximo. El general Harold Alexander asumió el mando de las fuerzas británicas en Oriente Medio y, en agosto, el teniente general Bernard Montgomery tomó el control del VIII Ejército.

Montgomery heredó un ejército que había sufrido importantes derrotas, pero que comenzaba a recibir nuevos refuerzos, vehículos, artillería y carros de combate. La situación logística también empezó a mejorar.

Rommel todavía intentaría recuperar la iniciativa.

A finales de agosto lanzó una nueva ofensiva en la zona de Alam el Halfa, pero la falta de combustible y suministros limitó severamente su capacidad de maniobra. Los británicos consiguieron detener el ataque y, a partir de ese momento, Montgomery comenzó a preparar cuidadosamente una gran ofensiva.

La batalla que se aproximaba sería muy diferente de las rápidas maniobras de carros de combate que habían caracterizado algunos episodios anteriores de la guerra del desierto.

Esta vez, Montgomery pretendía utilizar la superioridad aliada en hombres, artillería y suministros para desgastar progresivamente al enemigo.

La noche del 23 de octubre: comienza la Segunda batalla de El Alamein

A las 21:40 horas del 23 de octubre de 1942, cientos de piezas de artillería comenzaron a bombardear las posiciones germano-italianas.

Comenzaba la Operación Lightfoot.

La ofensiva británica se concentró principalmente en el sector norte del frente. La infantería debía abrir corredores a través de los extensos campos de minas mientras los ingenieros trabajaban para permitir el avance posterior de los carros de combate.

El campo de batalla estaba profundamente fortificado. Minas antitanque, posiciones de artillería, armas contracarro y fortificaciones defensivas convertían cualquier avance en una operación extremadamente peligrosa.

Los soldados de infantería tuvieron que avanzar bajo el fuego enemigo mientras los zapadores intentaban despejar las rutas para los blindados.

El plan no salió exactamente como estaba previsto.

Los carros británicos encontraron dificultades para atravesar los corredores abiertos en los campos de minas y las defensas antitanque del Eje causaron numerosas bajas.

Pero Montgomery había diseñado la batalla para que no dependiera de una única ruptura espectacular.

Su estrategia consistía en desgastar al Ejército Panzer de África.

Una batalla de desgaste en el desierto

Durante los días siguientes, la lucha se transformó en una enorme batalla de desgaste.

Montgomery denominó a esta fase “crumbling”, es decir, el progresivo desmoronamiento de las defensas enemigas. En lugar de intentar una penetración inmediata y profunda, las fuerzas británicas fueron presionando las posiciones del Eje y obligando a Rommel a emplear sus limitadas reservas.

La superioridad material aliada comenzaba a hacerse evidente.

Soldados junto a una ametralladora Vickers durante la batalla de El Alamein
Soldados junto a una ametralladora Vickers durante los combates de El Alamein, 1942.

El VIII Ejército disponía de una fuerza multinacional formada por tropas británicas y de otros territorios de la Commonwealth, entre ellas unidades australianas, neozelandesas, sudafricanas e indias, además de contingentes de otros países aliados.

Frente a ellos se encontraba una fuerza germano-italiana que combatía con experiencia y tenacidad, pero cuya situación logística era cada vez más complicada.

La batalla también contó con la participación de las Fuerzas Francesas Libres, que combatieron en el dispositivo aliado. En el sector de Himeimat, por ejemplo, la 13.ª Demi-Brigade de la Legión Extranjera participó en duros combates durante la noche del 23 al 24 de octubre.

El Alamein no fue, por tanto, una batalla exclusivamente británica contra Alemania. Fue un enfrentamiento multinacional en el que participaron soldados procedentes de numerosos territorios y países.

La Operación Supercharge y la ruptura del frente

A finales de octubre, la batalla continuaba sin una ruptura definitiva.

Rommel intentó contener los ataques británicos y conservar sus posiciones, pero sus reservas eran cada vez más escasas. Montgomery decidió entonces lanzar una nueva ofensiva: la Operación Supercharge, iniciada durante la noche del 1 al 2 de noviembre.

Soldados aliados avanzando durante los combates de El Alamein en 1942
Tropas aliadas durante los combates de El Alamein, Egipto, en 1942.

El objetivo era romper definitivamente las defensas del Eje y abrir el camino hacia el oeste.

Los combates fueron extremadamente intensos. Las unidades británicas avanzaron mientras los carros de combate y la infantería se enfrentaban a las posiciones antitanque y a las reservas blindadas germano-italianas.

Finalmente, el 4 de noviembre, las líneas del Eje comenzaron a quebrarse. Rommel comprendió que continuar manteniendo la posición podía provocar la destrucción de su ejército y recibió autorización para iniciar la retirada.

La batalla decisiva había terminado.

Rommel se retira hacia Libia

La derrota de El Alamein obligó a las fuerzas del Eje a abandonar Egipto.

Rommel inició una larga retirada hacia el oeste, primero atravesando Libia y posteriormente dirigiéndose hacia Túnez. Los británicos comenzaron a perseguir a las fuerzas germano-italianas a través del desierto.

La retirada no significó el final inmediato de la guerra en África. Todavía quedaban meses de combates y, en noviembre de 1942, los desembarcos aliados de la Operación Torch en Marruecos y Argelia abrieron un nuevo frente en el norte de África.

Pero el equilibrio estratégico había cambiado.

El Ejército Panzer de África ya no podía recuperar la iniciativa perdida en El Alamein. Finalmente, las fuerzas del Eje quedaron atrapadas entre los ejércitos aliados que avanzaban desde Egipto y los que habían desembarcado en el noroeste africano.

En mayo de 1943, la campaña norteafricana terminaría con la rendición de las fuerzas del Eje en Túnez.

¿Por qué El Alamein fue un punto de inflexión?

La importancia histórica de El Alamein va mucho más allá de la conquista de una posición en el desierto.

En primer lugar, la victoria eliminó la posibilidad inmediata de que las fuerzas de Rommel continuaran avanzando hacia Alejandría y el canal de Suez.

En segundo lugar, destruyó la capacidad ofensiva del Ejército Panzer de África. Rommel había conseguido grandes victorias durante los años anteriores, pero después de El Alamein tuvo que combatir fundamentalmente para conservar sus fuerzas y retrasar el avance aliado.

En tercer lugar, la batalla demostró el creciente peso de la superioridad logística e industrial aliada. El VIII Ejército podía reponer hombres, vehículos, municiones y carros de combate a una escala que el Eje tenía enormes dificultades para igualar en el norte de África.

Y, finalmente, El Alamein tuvo una enorme importancia psicológica.

Después de una larga sucesión de derrotas británicas y aliadas, la victoria proporcionó una demostración clara de que las fuerzas del Eje podían ser derrotadas en el campo de batalla.

Por ello, el National Army Museum considera El Alamein el clímax y punto de inflexión de la campaña norteafricana.

El Alamein y el cambio de rumbo de la guerra

En ocasiones se ha presentado El Alamein como si hubiera sido, por sí solo, el momento en que toda la Segunda Guerra Mundial cambió de rumbo. La realidad histórica es más compleja.

En 1942 se produjeron varios acontecimientos decisivos en distintos escenarios: la batalla de Midway en el Pacífico, la resistencia soviética frente a la ofensiva alemana y, posteriormente, la batalla de Stalingrado. El Alamein debe entenderse dentro de ese conjunto de acontecimientos que fueron modificando progresivamente el equilibrio de la guerra.

Su importancia específica fue enorme para el teatro de operaciones norteafricano y mediterráneo.

El 4 de noviembre de 1942 no terminó la Segunda Guerra Mundial, pero sí terminó una etapa fundamental de la guerra en el desierto.

El legado histórico de El Alamein

Hoy, El Alamein permanece como uno de los nombres más reconocibles de la historia militar de la Segunda Guerra Mundial.

Su importancia no reside únicamente en las maniobras de Montgomery o en la figura de Rommel. La batalla fue el resultado del esfuerzo de decenas de miles de soldados procedentes de diferentes países y territorios, muchos de los cuales combatieron y murieron en un paisaje aparentemente vacío.

Soldados aliados avanzando durante los combates de El Alamein en 1942
Tropas aliadas durante los combates de El Alamein, Egipto, en 1942.

El desierto egipcio se convirtió durante aquellos días en un gigantesco campo de batalla donde la artillería, los carros de combate, la infantería, la aviación, las minas y la logística desempeñaron un papel decisivo.

El Alamein demuestra también que las grandes batallas no se deciden únicamente en el momento del choque.

La preparación, el abastecimiento, la capacidad industrial, la información, el terreno y la resistencia de los soldados fueron tan importantes como los movimientos realizados sobre el mapa.

En noviembre de 1942, después de meses de retrocesos, los Aliados habían conseguido algo que parecía improbable apenas unos meses antes: detener a Rommel, romper sus defensas y obligarle a retirarse.

El camino hacia la victoria aliada en el norte de África acababa de comenzar.

El Alamein fue, en definitiva, mucho más que una batalla: fue el momento en que la iniciativa estratégica comenzó a cambiar de manos en el desierto norteafricano.

La historia militar del siglo XX también ocupa un lugar destacado en las colecciones de L’Iber, donde diferentes dioramas y piezas permiten acercarse a algunos de los grandes conflictos de la época.

Sobre el autor — Alejandro Noguera Borel, Director del Museo L’Iber y de la Fundación Libertas 7. En el mundo del soldadito desde los años 70.

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