Cuando pensamos en un soldado romano, probablemente la primera imagen que nos viene a la cabeza es la de un hombre equipado con casco, armadura, espada y sandalias. Sin embargo, el ejército romano no tuvo un único uniforme. A lo largo de los siglos, su equipamiento fue evolucionando. Además, podía variar según la época, el rango y la función de cada soldado, desde el legionario raso hasta el centurión romano.
Para comprender mejor cómo era este equipamiento, en el Museo L’Iber podemos contemplar una reconstrucción a tamaño real de un centurión romano de finales de la República. Fue un periodo de grandes transformaciones políticas y militares en el que vivieron personajes como Mario, Sila, Pompeyo y Julio César.
La pieza se encuentra actualmente en la Sala de Exposiciones Temporales, dentro de nuestra exposición «Roma: Todo un Imperio a Escala». Así, nos permite observar de cerca cada uno de los elementos que componían la panoplia de un oficial romano.

De la túnica a la armadura
La vestimenta comenzaba con la túnica (tunica), una prenda relativamente corta que facilitaba el movimiento durante las marchas y el combate.

Sobre ella se colocaban los elementos defensivos. En nuestra reconstrucción destaca especialmente la lorica hamata, una armadura formada por miles de pequeños anillos metálicos entrelazados.

Aunque actualmente la imagen más conocida del legionario romano es la de la armadura de placas, o lorica segmentata, la malla fue utilizada durante siglos por el ejército romano y ya era habitual durante la República. Por su combinación de protección, resistencia y flexibilidad, se convirtió en una pieza fundamental del equipamiento militar.
El casco del centurión romano
Uno de los elementos que más llama la atención es el casco.
Los cascos romanos protegían la cabeza mediante diferentes elementos, como las carrilleras y la protección de la nuca. En el caso del centurión romano destaca especialmente la cresta transversal (crista transversa), colocada de un lado a otro del casco.

Esta característica ayudaba a distinguir visualmente al centurión dentro de la formación. Y no era una cuestión menor: en medio del combate, sus soldados tenían que poder reconocer rápidamente al hombre que dirigía la unidad, transmitía las órdenes y mantenía la disciplina.
El casco era, por tanto, un elemento de protección. Pero también contribuía a hacer visible el rango y la autoridad de su portador.
Las phalerae: las condecoraciones militares
Sobre el pecho encontramos varios grandes discos metálicos conocidos como phalerae.
Estas piezas podían utilizarse como condecoraciones militares. Se concedían como reconocimiento por los servicios prestados o por el valor demostrado en combate.

Las phalerae se colocaban sobre un arnés y se lucían encima de la armadura. De este modo, se convertían en una manifestación visible de los méritos de su propietario.
Cuando observamos las numerosas piezas que lleva nuestra reconstrucción, podemos imaginar cómo contribuían a distinguir al centurión y a mostrar su experiencia dentro del ejército.
El cingulum militare
Otro de los elementos característicos es el cingulum militare, el cinturón militar.
Además de sujetar parte del equipamiento y permitir transportar las armas, el cinturón tenía un importante valor simbólico: identificaba a su portador como miembro del ejército.
De él colgaban diferentes correas de cuero decoradas con piezas metálicas. Estas tiras, además de formar parte de la indumentaria militar, contribuían a crear la característica imagen del soldado romano.

El gladius y el pugio
El armamento personal estaba compuesto por diferentes armas.
La más conocida es el gladius, la espada corta romana. Aunque las representaciones modernas suelen mostrar al soldado dando grandes golpes con la espada, el combate romano daba una enorme importancia a las estocadas. Esto era especialmente cierto cuando el soldado luchaba protegido por su escudo.

Junto al gladius encontramos el pugio, un pequeño puñal que constituía un arma secundaria.
En el caso de los centuriones, la espada se llevaba habitualmente en el lado izquierdo. En determinados periodos, esta disposición los diferenciaba de los soldados rasos.
El faldellín de cuero
Una de las partes más llamativas de la indumentaria es el conjunto de correas de cuero decoradas con piezas metálicas que cuelgan desde la cintura.
Estas tiras formaban parte del equipamiento militar y contribuían a proteger la zona inferior del cuerpo. Además, proporcionaban la característica apariencia de la vestimenta de los soldados romanos.
El movimiento de las piezas metálicas al caminar también debía producir un sonido muy particular. Por eso, este elemento era fácilmente reconocible dentro de la imagen militar romana.
Las grebas: protección para las piernas
En las piernas encontramos las grebas (ocreae), destinadas a proteger las espinillas.
Esta zona del cuerpo estaba especialmente expuesta durante el combate. Por ello, las protecciones metálicas proporcionaban una defensa adicional.

Las grebas aparecen con frecuencia en las representaciones de centuriones. Asimismo, constituyen otro de los elementos que ayudan a distinguir el equipamiento de estos oficiales del de un soldado común.
Las caligae: las sandalias de las legiones
En los pies encontramos las famosas caligae, las sandalias militares romanas.
Aunque desde nuestra perspectiva actual puedan parecer poco adecuadas para un ejército, se diseñaron para soportar las largas marchas que formaban parte de la vida cotidiana de los soldados.

Fabricadas en cuero y con suelas reforzadas mediante numerosas tachuelas metálicas, las caligae proporcionaban resistencia y agarre.
La movilidad era fundamental para las legiones. Los soldados podían recorrer grandes distancias durante las campañas. Además, debían transportar consigo armas, alimentos y buena parte de su propio equipamiento.
El sagum: la capa militar
Sobre la armadura encontramos la capa militar o sagum.
Esta prenda de lana protegía al soldado frente al frío, el viento y la lluvia, y podía llevarse directamente sobre la armadura.
En nuestra reconstrucción podemos observar cómo la capa cae desde los hombros y cubre buena parte del cuerpo. Nos recuerda, así, que el equipamiento de un soldado romano no estaba pensado únicamente para el combate, sino también para las largas campañas y las duras condiciones de la vida militar.
La vitis: el símbolo de autoridad del centurión
Existe además un elemento fundamental para comprender la figura del centurión: la vitis, una vara realizada tradicionalmente con madera de vid.
La vitis era uno de los principales símbolos de autoridad del centurión. No se trataba simplemente de un bastón, sino de un distintivo de su rango y de su capacidad para ejercer el mando y mantener la disciplina.
El centurión estaba al frente de una centuria y debía dirigir a sus hombres tanto durante las marchas como en el campo de batalla. Por ello, su equipamiento debía permitirle combatir, pero también hacerlo fácilmente reconocible como oficial.
En definitiva, el casco con cresta transversal, las phalerae, las grebas y la vitis contribuían a construir esa imagen de autoridad.
Un centurión en la Roma de Julio César
La reconstrucción que podemos contemplar en L’Iber corresponde al contexto de la República romana tardía. Fue una época de grandes cambios que desembocaría en el final de la República y el nacimiento del Imperio.
Es también el mundo militar que conoció Julio César, quien desarrolló buena parte de su carrera militar durante estas décadas.
Conviene, sin embargo, hacer una precisión: esta reconstrucción no representa el uniforme personal de Julio César, ya que César no fue centurión. Lo que nos permite es acercarnos al aspecto y al equipamiento de los oficiales que formaban parte de los ejércitos romanos de aquel periodo.
Y precisamente ahí reside su interés: observar a tamaño real un equipamiento que normalmente conocemos a través de las esculturas, los relieves, las fuentes históricas o las pequeñas figuras de nuestras colecciones.
Un uniforme que podemos contemplar en L’Iber
Hoy podemos descubrir todos estos elementos en la Sala de Exposiciones Temporales del Museo L’Iber, dentro de «Roma: Todo un Imperio a Escala».
La exposición nos propone recorrer la historia de Roma a través de miles de figuras y escenas representadas en nuestros dioramas. Pero este centurión romano nos ofrece una perspectiva diferente: la posibilidad de contemplar a tamaño real el equipamiento de uno de los hombres que formaban parte de la estructura militar que convirtió a Roma en una de las grandes potencias del mundo antiguo.
Casco, túnica, lorica hamata, cingulum militare, phalerae, gladius, pugio, faldellín de cuero, grebas, caligae y sagum forman un conjunto en el que cada pieza cumple una función. Al mismo tiempo, cada una nos habla de la posición y del papel de su portador.
Roma puede contemplarse a escala en L’Iber, pero también podemos encontrarnos cara a cara con uno de sus soldados.
Una cesión especial para el Museo L’Iber
Esta reconstrucción forma parte de la exposición gracias a la generosa colaboración de Gabriel Castelló, amigo del Museo L’Iber, que ha cedido el uniforme de forma permanente al museo para que pueda ser contemplado por nuestros visitantes.
Desde L’Iber queremos agradecer a Gabriel su generosidad y su compromiso con la divulgación de la historia. Gracias a él, podemos incorporar a nuestra exposición una pieza especialmente atractiva para comprender cómo era el equipamiento militar romano.
Gracias a esta cesión, nuestros visitantes pueden pasar de contemplar la Roma representada en nuestras miniaturas a observar, a tamaño real, el equipamiento de uno de sus protagonistas.
¿Quién es Gabriel Castelló?

Gabriel Castelló Alonso (1972) es escritor especializado en la novela y el ensayo sobre la Antigua Roma, así como sobre los pueblos, territorios y personajes que se enfrentaron a ella. Ha impartido clases magistrales, cursos y conferencias en museos de Valencia, en universidades y en encuentros organizados por libreros. Además, es un gran conocedor de la sociedad civil y militar romana y de la microhistoria: la cocina, el arte, las construcciones, los caminos o los puertos de la vida cotidiana.
Es autor de la saga de los Antonio Naso, formada por Valentia, las memorias de Cayo Antonio Naso, ambientada en la Hispania de Quinto Sertorio; Devotio, los enemigos de César (2013) y Princeps, el primer ciudadano de Roma (2014), que culmina en el final de la República. También ha publicado el ensayo Archienemigos de Roma y ha colaborado en portales de divulgación como Historias de la Historia y la revista digital iHstoria. Puedes conocer su trabajo en su web oficial.
Ficha de la pieza
- Pieza: reconstrucción a tamaño real del uniforme de un centurión romano.
- Época representada: finales de la República romana (siglo I a. C.).
- Elementos: casco con cresta transversal, túnica, lorica hamata, cingulum militare, phalerae, gladius, pugio, faldellín de cuero, grebas, caligae y sagum.
- Procedencia: cesión permanente de Gabriel Castelló, amigo del Museo L’Iber.
- Ubicación: Sala de Exposiciones Temporales, exposición «Roma: Todo un Imperio a Escala».
Preguntas frecuentes sobre el centurión romano
¿Cómo se reconocía a un centurión romano en la batalla?
Por la cresta transversal de su casco, las phalerae sobre el pecho, las grebas y la vitis, su vara de mando de madera de vid.
¿Qué armadura llevaba un centurión de la República?
Normalmente, la lorica hamata, una cota de malla de anillos metálicos entrelazados. En cambio, la lorica segmentata de placas se generalizó más tarde, ya en época imperial.
¿Dónde se puede ver el uniforme de un centurión romano en Valencia?
En la Sala de Exposiciones Temporales del Museo L’Iber (calle de Caballeros, 20-22), dentro de la exposición «Roma: Todo un Imperio a Escala».
Fuentes
- Polibio, Historias, libro VI (organización y armamento del ejército romano).
- Julio César, La guerra de las Galias.
- Tácito, Anales, I, 23 (la vitis del centurión).
- Gabriel Castelló, biografía oficial.
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Sobre el autor — Alejandro Noguera Borel, Director del Museo L’Iber y de la Fundación Libertas 7. Puedes conocer más sobre su trayectoria en su perfil.
