Los orígenes del tanque: del carro de asedio al Somme

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De la madera y el cuero a la pólvora: los primeros vehículos blindados

Hoy vamos a analizar el origen del tanque y de los vehículos blindados desde sus orígenes hasta la Primera Guerra Mundial. La idea de blindar vehículos destinados al combate no es un invento del siglo XX. En la Antigüedad y el Medievo, los ejércitos empleaban estructuras de madera y cuero montadas sobre ruedas para acercar tropas a las murallas enemigas con cierta protección frente a proyectiles. Estos ingenios de asedio no perseguían el enfrentamiento en campo abierto, sino resolver el problema específico de atravesar la zona batida por los defensores durante la aproximación a las murallas. Las versiones más elaboradas integraban arietes, torres de asalto con rampas abatibles o mecanismos para derribar puertas y lienzos de muralla. Durante milenios, esta función, cobertura sobre ruedas para operaciones de asedio, permaneció esencialmente sin cambios.

En resumen: la idea de blindar vehículos de combate se remonta a la Antigüedad (ingenios de asedio con arietes), pero el tanque moderno nació en Gran Bretaña durante la Primera Guerra Mundial: el Mark I debutó en 1916 en el Somme, y en 1917 la batalla de Cambrai marcó el primer combate tanque contra tanque de la historia. El Renault FT-17 francés, con torreta giratoria, definió la forma que tendrían los tanques durante el resto del siglo XX.

¿Por qué se llama «tanque» a un carro de combate?

El nombre es un disfraz que se quedó para siempre: durante su desarrollo secreto, los británicos hicieron circular los primeros carros blindados bajo la cobertura de que eran depósitos móviles de agua («tanks») para las tropas en el frente, con el fin de ocultar su verdadero propósito a la inteligencia alemana. El nombre en clave terminó imponiéndose sobre cualquier denominación técnica.

Diorama de un ingenio de asedio de la Antigüedad con ariete y arqueros, Marca Minifigs y FaCaN, pintado por Alejandro Noguera, Museo L'Iber
Diorama de un ingenio de asedio de la Antigüedad con ariete y arqueros, Marca Minifigs y FaCaN, pintado por Alejandro Noguera, Museo L’Iber

La irrupción de la pólvora alteró radicalmente este equilibrio. El cañón demostró ser el arma más eficaz para demoler castillos y ciudades, y a partir del Renacimiento los ingenieros militares comenzaron a concebir máquinas que combinasen blindaje, propulsión y potencia de fuego para su empleo en terreno abierto. El ejemplo más conocido es el vehículo de combate diseñado por Leonardo da Vinci hacia 1487 para Ludovico Sforza: una plataforma cónica de madera reforzada, propulsada por los propios ocupantes mediante engranajes, con cañones dispuestos en todas las direcciones. La idea era brillante; la viabilidad mecánica, escasa. Los estudios posteriores de sus planos revelaron además un error de diseño en el sistema de transmisión que habría impedido su movimiento, lo que ha llevado a algunos historiadores a especular con que Leonardo introdujo el fallo deliberadamente para que el arma no pudiese fabricarse.

(foto diorama da Vinci / Sforza)

Diorama de Leonardo da Vinci presentando su vehículo de combate a Ludovico Sforza, Marca EMI, pintado por Jesús Roig, Museo L'Iber
Diorama de Leonardo da Vinci presentando su vehículo de combate a Ludovico Sforza, Marca EMI, pintado por Jesús Roig, Museo L’Iber

Los carros husitas: Jan Žižka y la guerra de posiciones móviles

Merecen atención especial los carros husitas del siglo XV, porque son el precedente más directo del uso táctico del vehículo blindado en campo abierto. El general checo Jan Žižka —que pasó buena parte de su campaña militar completamente ciego, sin que ello mermara su eficacia— desarrolló una táctica denominada wagenburg o fortaleza de carros: vehículos de madera reforzada, dotados de ballestas y pequeños cañones, que se disponían en formación cerrada para crear una línea defensiva móvil capaz de frenar a la caballería pesada.

La clave no estaba en el blindaje individual de cada carro, sino en la sinergia entre la movilidad del conjunto, la concentración de fuego y la capacidad de reconfigurarse rápidamente en función del terreno. En las guerras husitas (1419–1434) este sistema demostró ser extraordinariamente eficaz contra ejércitos de la Corona de Bohemia y del Sacro Imperio numéricamente superiores. Žižka nunca perdió una batalla. Su legado táctico —el vehículo como plataforma de fuego y cobertura simultánea, maniobrable en el campo— prefigura en muchos aspectos la doctrina del tanque moderno.

La Revolución Industrial y los primeros automóviles blindados

La Revolución Industrial transformó la escala y la violencia de la guerra, pero también sus medios de propulsión. El motor de explosión interna, desarrollado en la segunda mitad del siglo XIX, abrió la posibilidad de crear vehículos autopropulsados sin depender de tracción animal o humana. Desde los primeros años del automóvil, en torno a 1900, los ejércitos europeos comenzaron a explorar su militarización: en un primer momento, blindando coches comerciales existentes; posteriormente, diseñando desde cero vehículos orientados al combate.

Los automóviles blindados, sobre ruedas, sin orugas, mostraron utilidad en terreno firme, pero su movilidad era muy limitada en el campo de batalla destruido. La oruga, que distribuye el peso del vehículo sobre una superficie mucho mayor, era el componente tecnológico necesario para operar en terrenos blandos o con obstáculos. Los tractores agrícolas oruga, extendidos en Europa y Norteamérica a comienzos del siglo XX, proporcionaron la base mecánica sobre la que los ingenieros militares trabajarían en los años siguientes.

Gran Bretaña y el nacimiento del tanque: del Landship Committee al Mark I

En 1914 Europa entró en un conflicto sin precedentes. El Frente Occidental, iniciado como una guerra de movimiento, derivó en pocas semanas en una guerra de posiciones. La tierra de nadie —ese espacio de barro, alambre de espino y fuego de ametralladora que separaba las trincheras— parecía infranqueable. Ningún arma existente podía atravesarla sin pérdidas masivas.

La solución llegó desde el almirantazgo. Winston Churchill, entonces Primer Lord del Almirantazgo, impulsó la creación del Comité de Buques de Tierra (Landship Committee) en febrero de 1915, financiando el desarrollo de un vehículo capaz de cruzar trincheras, cortar alambradas, resistir el fuego de ametralladora y cubrir el avance de la infantería.

El proceso de prototipado atravesó dos fases. La primera dio lugar a Little Willie (septiembre de 1915), un prototipo de 14 toneladas diseñado por William Tritton y el teniente coronel Walter Wilson que podía cruzar una zanja de metro y medio pero no superaba obstáculos mayores. Su sucesor inmediato fue Big Willie —bautizado posteriormente como Mother («Madre»)—, probado ante las autoridades militares en febrero de 1916. Con su característica silueta romboide y las orugas perimetrales, este segundo prototipo pesaba 28 toneladas y estaba propulsado por un motor Daimler de seis cilindros en línea y 105 caballos, capaz de cruzar trincheras de más de tres metros y superar pendientes que habrían detenido a cualquier automóvil blindado.

El nombre en clave del proyecto —«tanque» (tank)— fue una medida de seguridad: a los obreros que fabricaban los primeros ejemplares se les comunicó que construían depósitos de agua destinados a Mesopotamia o a Petrogrado. El término quedó para siempre.

Miniatura del tanque británico Mark IV Female F.4 de la Primera Guerra Mundial, Marca Ehmar, Museo L'Iber
Miniatura del tanque británico Mark IV Female F.4 de la Primera Guerra Mundial, Marca Ehmar, Museo L’Iber

El primer tanque de producción en serie fue el Mark I, del que se fabricaron aproximadamente 150 unidades entre 1916 y comienzos de 1917. Su debut en combate tuvo lugar el 15 de septiembre de 1916, en la batalla de Flers-Courcelette, durante la ofensiva del Somme. De los 49 tanques enviados al frente, solo 32 alcanzaron sus posiciones de partida y apenas 9 avanzaron junto a la infantería según lo previsto. Los resultados fueron irregulares, pero el pánico que produjeron en las líneas alemanas confirmó el potencial del nuevo arma y aceleró la producción.

El Mark IV: Cambrai y el primer combate tanque contra tanque

El diseño evolucionó a lo largo de varias series hasta culminar en el Mark IV, el tanque más numeroso y eficaz empleado por Gran Bretaña en la Gran Guerra, con más de 1.200 unidades fabricadas. Conservaba el perfil romboide y las orugas perimetrales sin suspensión, pero incorporaba mejoras en blindaje y armamento. Existía en dos versiones: la «femenina», armada con seis ametralladoras Lewis, y la «masculina», con cuatro ametralladoras y dos cañones de seis libras, todos en sponsons laterales.

Sus limitaciones eran considerables. Era lento —unos 6 km/h en terreno favorable— y mecánicamente poco fiable. El motor, situado en el centro del habitáculo, expulsaba gases tóxicos; el calor interior era sofocante; la visibilidad, casi nula. Los ocho tripulantes —cuatro para la conducción y cuatro para el armamento— trabajaban en un espacio angosto y sin comunicación directa entre sí. El blindaje resistía el fuego de ametralladora pero era vulnerable a los rifles antitanque alemanes (Tank-Gewehr M1918) y al fuego artillero directo.

Su acción más notable fue la batalla de Cambrai (noviembre de 1917), donde el despliegue coordinado de casi 400 tanques —el mayor hasta entonces— demostró la capacidad del arma para romper las líneas de trincheras en profundidad, avanzando varios kilómetros en pocas horas. La ruptura no pudo explotarse por falta de reservas, pero Cambrai estableció la doctrina del empleo masivo del tanque.

Mención aparte merece la segunda batalla de Villers-Bretonneux (24 de abril de 1918), donde tres Mark IV —un ejemplar masculino y dos femeninos— se enfrentaron a varios A7V alemanes, registrándose el primer combate tanque contra tanque de la historia. El Mark IV masculino dañó al menos un A7V; los dos femeninos, armados solo con ametralladoras, no podían perforar el blindaje alemán y sufrieron bajas severas. El episodio reveló la necesidad de blindaje y armamento más equilibrado en los tanques futuros.

El Whippet: velocidad al servicio de la ruptura

La lentitud del Mark IV —concebido para acompañar a la infantería— impulsó el desarrollo de un modelo más ágil. El Medium Mark A, apodado Whippet (lebrel), fue diseñado por William Tritton a partir de 1916, con producción aprobada en 1917. Alcanzaba 13 km/h —más del doble que el Mark IV— y estaba armado con cuatro ametralladoras. No era un tanque de ruptura, sino de explotación: su misión era infiltrarse por las brechas abiertas por los tanques pesados y la infantería, asumiendo funciones hasta entonces reservadas a la caballería.

Entró en combate el 26 de marzo de 1918, durante la ofensiva alemana de primavera (Kaiserschlacht), y demostró una eficacia notable como plataforma de hostigamiento y persecución. Un solo Whippet —el Musical Box, tripulado por el teniente C. B. Arnold— operó en solitario durante nueve horas el 8 de agosto de 1918, destruyendo artillería, vehículos y causando centenares de bajas antes de ser incendiado.

Miniatura del tanque alemán A7V Sturmpanzerwagen de 1918 con camuflaje y cruces de hierro, Marca Tauro Models, Museo L'Iber
Miniatura del tanque alemán A7V Sturmpanzerwagen de 1918 con camuflaje y cruces de hierro, Marca Tauro Models, Museo L’Iber

Los tanques franceses: el Schneider y el Saint-Chamond

Francia inició el desarrollo de vehículos blindados en paralelo a Gran Bretaña, aunque con resultados iniciales decepcionantes.

El Schneider CA1 fue el primer tanque francés. Completado en 1916 y desplegado en combate el 16 de abril de 1917, en el Camino de las Damas, tenía forma de casco de barco invertido y estaba armado con un cañón corto de 75 mm y dos ametralladoras, operado por seis hombres sobre orugas procedentes de un tractor agrícola norteamericano. Como en los primeros Mark británicos, motor y tripulación compartían compartimento, lo que generaba intoxicaciones por gases y calor extremo. El defecto más grave era la posición del depósito de combustible en la parte frontal —la más expuesta al fuego enemigo—, lo que provocó que la mayoría de las bajas de este modelo fueran consecuencia de incendios y explosiones de munición. Se fabricaron solo 400 unidades.

El Saint-Chamond fue aún más problemático. Su enorme voladizo frontal, diseñado para alojar el cañón de 75 mm Mle 1897, tendía a hundirse en el barro y encajarse en las trincheras, anulando precisamente la función para la que había sido concebido. La máquina era desproporcionadamente larga respecto a la superficie de sus orugas, con una distribución de peso tan deficiente que las tripulaciones se negaban a maniobrarla incluso en los campos de entrenamiento. Ambos modelos constituyeron fracasos técnicos y operativos que consumieron recursos y tiempo sin aportar una ventaja táctica significativa.

El Renault FT-17: el tanque que inventó el tanque moderno

Ambos fracasos quedaron ampliamente compensados por el Renault FT-17, el tanque más innovador e influyente de la Primera Guerra Mundial y, probablemente, de toda la historia del arma.

Con apenas 7 toneladas, el FT-17 estableció los principios de diseño que definirían el tanque durante el resto del siglo XX: torreta giratoria de 360° armada con ametralladora o cañón de 37 mm; separación estanca entre el compartimento de la tripulación —conductor y comandante-artillero— y el motor, eliminando el problema de los gases y el calor; y un blindaje frontal de 22 mm que no comprometía la movilidad gracias al reducido tamaño y peso del vehículo.

Miniatura del tanque francés Renault FT-17 con efecto de barro en orugas, Primera Guerra Mundial, Museo L'Iber
Miniatura del tanque francés Renault FT-17 con efecto de barro en orugas, Primera Guerra Mundial, Museo L’Iber

La combinación de velocidad, protección y bajo coste de fabricación permitió emplearlo en oleadas de asalto con gran eficacia. Se construyeron más de 3.000 unidades, que equiparon no solo al ejército francés sino también al cuerpo expedicionario norteamericano y a numerosos ejércitos de todo el mundo. El FT-17 siguió en servicio activo en múltiples países durante el período de entreguerras y fue empleado en combate en la Segunda Guerra Mundial, en ambos lados del frente, en escenarios tan distintos como Francia, el norte de África y Finlandia.

Las disfunciones del sistema francés y el triunfo tardío del FT-17

El tortuoso camino que condujo al FT-17 ilustra las disfunciones del sistema de adquisición militar francés. Francia inició el desarrollo de vehículos blindados al mismo tiempo que Gran Bretaña, pero el proceso fue bloqueado repetidamente por rivalidades industriales, maniobras políticas y cambios de mando.

El general Mourret había encargado el desarrollo de un tanque a la empresa FCM (Forges et Chantiers de la Méditerranée), que prácticamente ignoró el proyecto. Al conocerse el Mark I, la presión pública exigió una respuesta nacional y se recurrió a Louis Renault, quien aceptó colaborar al tiempo que desarrollaba su propio tanque ligero. La pugna entre los partidarios del tanque pesado —respaldados por la clase política— y el general Estienne, defensor del tanque ligero y móvil, paralizó la producción en repetidas ocasiones. El relevo de Joffre por Nivelle, la cancelación de todos los programas de tanques decretada por el ministro Albert Thomas y su reanudación clandestina por Mourret —que fue destituido por ello— ilustran la magnitud del caos institucional.

La situación se desencalló con la entrada de Estados Unidos en la guerra en abril de 1917. El general Pershing, partidario de la guerra móvil, demandó tanques ligeros y rápidos. El nombramiento de Pétain como comandante en jefe dio finalmente al general Estienne la autoridad necesaria para impulsar la producción del FT-17 a gran escala. Los proyectos de supertanques pesados siguieron acumulando retrasos hasta que el armisticio del 11 de noviembre de 1918 los hizo definitivamente irrelevantes. El FT-17, diseñado contra viento y marea, sobrevivió a todos sus detractores. Los blindados evolucionaron y se adueñaron de los campos de batalla de la Segunda Guerra Mundial hasta hoy en día en que los drones amenazan su supremacía; este ha sido el origen del tanque y de los vehículos blindados desde sus orígenes hasta la Primera Guerra Mundial¡Puedes ver varios de estos vehículos en la sala del siglo XX y XXI del Museo L’Iber!

Sobre el autor — Alejandro Noguera Borel, Director del Museo L’Iber y de la Fundación Libertas 7. En el mundo del soldadito desde los años 70.
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