Durante los meses de julio, agosto y septiembre, la vitrina de Figura Destacada del Mes del Museo L’Iber presenta una excepcional representación de Hatshepsut, una de las personalidades más fascinantes del Antiguo Egipto y una de las pocas mujeres que alcanzó el título de faraón.
La pieza, realizada por la prestigiosa firma King & Country, ha pasado a formar parte de la colección del museo gracias a la generosa donación de Francisco Manuel Orrico Grima, incorporada a nuestros fondos durante el mes de julio.
Esta miniatura se integra, además, dentro de la microexposición dedicada al Antiguo Egipto, donde los visitantes pueden descubrir algunos de los aspectos más importantes de esta extraordinaria civilización: la figura del faraón, la organización política, la vida cotidiana, la religión y la profunda creencia en la vida después de la muerte.
Hatshepsut: una mujer destinada a cambiar la historia

Hablar de Hatshepsut es hablar de una de las gobernantes más extraordinarias de la Antigüedad. Reinó durante la Dinastía XVIII, aproximadamente entre 1479 y 1458 a. C., en uno de los periodos de mayor esplendor del Imperio Nuevo.
Hija del faraón Tutmosis I y esposa de su hermanastro Tutmosis II, parecía destinada a desempeñar el papel tradicional de Gran Esposa Real. Sin embargo, la muerte prematura de su esposo cambió completamente el rumbo de su vida y de la historia de Egipto.
El heredero legítimo era Tutmosis III, hijo del faraón con una esposa secundaria. Al tratarse todavía de un niño, Hatshepsut asumió inicialmente la regencia. Lo que comenzó como una solución provisional terminó convirtiéndose en un acontecimiento sin precedentes: pocos años después fue proclamada faraón de pleno derecho, compartiendo nominalmente el trono con Tutmosis III, aunque ejerciendo el poder efectivo del reino.
No quiso ser recordada únicamente como una reina gobernante. Adoptó la titulatura completa de los faraones y comenzó a representarse con los atributos tradicionales del soberano egipcio: la corona del Alto y Bajo Egipto, el nemes y la característica barba ceremonial. Estos símbolos no pretendían ocultar su condición de mujer, sino expresar la autoridad propia de quien ocupaba el trono de Horus.
Su ascenso supuso una ruptura con siglos de tradición, pero también una inteligente estrategia para reforzar la legitimidad de su gobierno.
Un reinado marcado por la prosperidad
Aunque Tutmosis III era el heredero legítimo, el reinado de Hatshepsut transcurrió sin grandes conflictos internos conocidos. Buena parte de su éxito consistió en ofrecer al país aquello que los egipcios esperaban de un faraón: estabilidad, prosperidad y el favor de los dioses.
Durante su gobierno impulsó un extraordinario programa constructivo que transformó numerosos templos de Egipto. Entre todas sus obras destaca el espectacular templo funerario de Deir el-Bahari, considerado una de las grandes obras maestras de la arquitectura egipcia.

También promovió la restauración de antiguos santuarios y patrocinó importantes proyectos en el templo de Karnak, donde mandó levantar algunos de los obeliscos más altos jamás erigidos en Egipto.
Uno de los episodios más conocidos de su reinado fue la expedición comercial al legendario País de Punt, organizada con fines económicos y diplomáticos. Aquella misión permitió importar incienso, mirra, maderas exóticas, marfil, oro y numerosas especies vegetales y animales, fortaleciendo el comercio y la riqueza del reino.
Frente a otros gobernantes que buscaron la expansión militar, Hatshepsut apostó por el desarrollo económico, la estabilidad política y el fortalecimiento de las relaciones comerciales. Todo ello contribuyó a consolidar la imagen de una soberana protegida por el dios Amón y garante de la Maat, el principio de equilibrio, justicia y orden que sustentaba la civilización egipcia.

Una memoria que estuvo a punto de desaparecer
Paradójicamente, tras su muerte comenzó un intento sistemático de borrar su recuerdo.
Décadas después, durante el reinado de Tutmosis III, muchas de sus imágenes y cartuchos fueron destruidos o eliminados de templos y monumentos. Durante mucho tiempo este hecho se interpretó como una venganza personal. Sin embargo, la mayoría de los investigadores considera hoy que respondió principalmente a razones políticas.
Eliminar el precedente de una mujer que había gobernado como faraón permitía reforzar la continuidad dinástica y evitar que su excepcional acceso al trono pudiera servir de modelo para futuras reclamaciones al poder.
A pesar de ello, la arqueología moderna ha conseguido reconstruir gran parte de su historia y devolver a Hatshepsut el lugar que merece entre los grandes gobernantes del Antiguo Egipto.
El redescubrimiento de la faraona
Durante siglos se creyó que la momia de Hatshepsut se había perdido para siempre. Su tumba, situada en el Valle de los Reyes, había sido saqueada en la Antigüedad y su cuerpo trasladado por los sacerdotes para protegerlo de los expoliadores.
No fue hasta 2007 cuando un equipo de investigadores anunció la identificación de la que hoy se considera la momia de la faraona. El estudio combinó análisis radiológicos, estudios antropológicos y la comparación con un diente conservado en una pequeña caja funeraria que llevaba inscrito el nombre de Hatshepsut.
Este hallazgo permitió resolver uno de los mayores enigmas de la egiptología moderna y devolvió definitivamente la identidad a una de las mujeres más influyentes de la historia del Antiguo Egipto.
Una miniatura que acerca la historia al visitante
La figura expuesta en el Museo L’Iber ha sido realizada por King & Country, una de las firmas internacionales más reconocidas en el ámbito de la miniatura histórica de colección.

Sus piezas destacan por el extraordinario cuidado en la escultura, la pintura manual y el rigor documental con el que recrean personajes y acontecimientos históricos, convirtiéndose en auténticas herramientas para la divulgación del patrimonio.
La representación de Hatshepsut forma parte de una reciente donación realizada por Francisco Manuel Orrico Grima, incorporada a la colección del museo durante el mes de julio.
Las donaciones particulares constituyen una parte esencial del crecimiento del Museo L’Iber. Gracias a la generosidad de coleccionistas y aficionados es posible conservar, estudiar y difundir nuevas piezas que enriquecen el discurso histórico de nuestras exposiciones y permiten seguir ampliando uno de los fondos de miniatura histórica más importantes del mundo.
Descubre a Hatshepsut en el Museo L’Iber
La figura de Hatshepsut podrá contemplarse hasta finales del mes de septiembre dentro de la vitrina de Figura Destacada del Mes, integrada en la microexposición dedicada al Antiguo Egipto.

Esta pequeña muestra invita al visitante a descubrir algunos de los aspectos más fascinantes de la civilización egipcia: la figura del faraón, la organización de la sociedad, la religión, la vida cotidiana y las creencias que dieron origen a prácticas tan conocidas como la momificación o la construcción de grandes complejos funerarios.
Más de tres mil quinientos años después de su reinado, Hatshepsut continúa siendo un símbolo de inteligencia política, capacidad de gobierno y visión de futuro. Su historia demuestra que el liderazgo podía imponerse incluso frente a las tradiciones más arraigadas.
Os invitamos a visitar el Museo L’Iber para descubrir esta magnífica miniatura y acercaros a la apasionante historia de una de las grandes protagonistas del Antiguo Egipto.
Sobre el autor — Alejandro Noguera Borel, Director del Museo L’Iber y de la Fundación Libertas 7. En el mundo del soldadito desde los años 70.
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