La Toma de Sagunto por Aníbal

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La Toma de Sagunto por Aníbal

En el año 219 a. C., la ciudad de Sagunto se convirtió en el epicentro de un conflicto que cambiaría para siempre el destino del Mediterráneo. Situada al sur del Ebro, era una próspera urbe aliada de Roma, algo que no pasaba desapercibido para Aníbal Barca, joven general cartaginés decidido a consolidar el poder de Cartago en Hispania.

El pretexto de su ataque fue defender a los pueblos vecinos oprimidos por los saguntinos. Pero todos sabían que aquel asedio tenía un mensaje mucho más profundo: un desafío directo a Roma. Lo sorprendente es que, pese a su alianza, la República no movió un dedo para socorrer a la ciudad. El Tratado del Iberus (Ebro) firmado en el año 226 se lo impedía ya que fijaba en aquel río el límite entre ambas potencias. Sagunto quedó sola frente al ejército más temido del mundo antiguo.

Los cronistas clásicos, como Polibio y Tito Livio, narran que el asedio fue largo y violento. Aníbal comenzó devastando los campos de cultivo para cortar el suministro de alimentos. Luego lanzó su ataque desde tres frentes, concentrando sus esfuerzos en el punto más vulnerable de la muralla. Pero los saguntinos resistieron con una valentía que asombró incluso a sus enemigos: lograron rechazar varios embates y, según se cuenta, llegaron a herir al propio Aníbal.

 

La Toma de Sagunto por Aníbal Museo L'Iber

El ejército de Aníbal contaba con unos 100.000 infantes y 12.000 jinetes, así como numerosas máquinas de asedio. Aun así, la operación se prolongó casi un año entero y supuso un desgaste que muchos consideran un “fracaso” estratégico de Aníbal.

Tras varios intentos fallidos, el general dio descanso a sus tropas y les prometió la ciudad como botín. Cuando reanudó la ofensiva, empleó una gigantesca torre móvil con artillería que permitió dominar las posiciones defensivas. Poco a poco los muros de Sagunto cedieron. Aníbal y su lugarteniente Maharbal dirigieron el asalto final, derribando las murallas con arietes y abriéndose paso entre los escombros.

Los relatos antiguos cuentan que, antes de caer, los saguntinos prefirieron prender fuego a su propia ciudad antes que rendirse. Muchos se arrojaron a las llamas junto a sus familias, en un último acto de orgullo y desesperación. Enfurecido por el tiempo perdido y las vidas de sus hombres, Aníbal arrasó lo que quedaba de Sagunto y castigó duramente a los pocos supervivientes.

Roma entendió que el desafío de Cartago no tenía marcha atrás. Poco después comenzaría la Segunda Guerra Púnica, en la que Aníbal cruzaría los Alpes con sus elefantes para llevar la guerra al corazón de Italia. Sagunto quedó reducida a cenizas y se convirtió así en símbolo de resistencia y en la chispa que encendió una de las guerras más legendarias de la Antigüedad.

La maqueta del museo L’Iber que representa este hecho histórico es única. La estructura fue realizada por el artista fallero Regino Mas de Benifaió (1899-1968). Regino Mas Marí fue uno de los más destacados artistas falleros de Valencia, reconocido por elevar las Fallas a la categoría de arte mayor. Formado como escultor y decorador, introdujo innovaciones técnicas y estéticas que transformaron la fisonomía de los monumentos falleros, dotándolos de mayor expresividad, dinamismo y sentido narrativo. Ganó numerosos primeros premios en la Sección Especial y fue también autor del diseño de la Senyera de la Ciudad de Valencia, utilizada en los actos oficiales desde 1928. Su legado marcó una época y consolidó la figura del artista fallero como creador integral.

La Toma de Sagunto por Aníbal Museo L'Iber
La Toma de Sagunto por Aníbal Museo L'Iber

Las piezas son de la marca Alymer de la serie Miniplom. Esta marca fue fundada por D. Ángel Comes en Burjasot (Valencia) hacia 1947. Inicialmente produjo figuras en plomo de 20 mm para dioramas y modelismo ferroviario, lo que le permitió adaptarse a la escala conocida como HO. Estos son los famosos Miniploms con los que está realizada esta maqueta. Con el tiempo, Alymer amplió su catálogo a múltiples escalas (30 mm, 54 mm, etc) y se convirtió en una de las marcas españolas más reconocidas de miniaturas militares de plomo.

Esta maqueta obtuvo el premio a mejor maqueta del mundo en la Exposición Mundial de Figuras de 1956.