
Por Alejandro Noguera Borel, director del Museo L’Iber
En resumen: la Festa Grossa (Corpus Christi de Valencia) cumple 700 años en 2026. El Museo L’Iber conserva una procesión en miniatura de 1.227 figuras de plomo que ocupa más de 27 metros, obra del escultor Vicente Juliá Chauve — una de las piezas más singulares de toda la colección.
Este domingo 7 de junio de 2026 Valencia celebra el 700 aniversario de la Festa Grossa, como se conoce popularmente al Corpus Christi en la ciudad. Es una de las procesiones más antiguas y mejor conservadas de España, y también una de las más espectaculares de Europa. En el Museo L’Iber guardamos una obra única que la hace visible durante todo el año: una procesión en miniatura de 1.227 figuras de plomo que ocupa más de 27 metros en la que fue la capilla del Palacio de Malferit. Hoy os contamos la historia de esta fiesta, de la obra que la recrea y del artista extraordinario que la esculpió pieza a pieza.
De Lieja a Bolsena: cómo nació el Corpus Christi
Para entender por qué los valencianos llevan siete siglos sacando a la calle esta procesión, hay que remontarse al siglo XIII y a dos lugares muy alejados de Valencia: la ciudad de Lieja, en la actual Bélgica, y la pequeña localidad italiana de Bolsena.

En Lieja, hacia 1208, una religiosa cisterciense llamada Juliana de Cornillón empezó a proponer la creación de una fiesta específica en honor al Cuerpo de Cristo en la Eucaristía. La celebración se realizó por primera vez en 1246 en la diócesis de Lieja. Pero el impulso definitivo llegó con un hecho que conmocionó a la cristiandad medieval: en 1263, durante una misa celebrada en Bolsena, un sacerdote que dudaba de la presencia real de Cristo en la Eucaristía vio cómo la hostia consagrada sangraba al ser partida, manchando los corporales del altar. La noticia se difundió rápidamente y llegó hasta Orvieto, donde se encontraba el papa Urbano IV, quien pidió que llevaran las reliquias con toda solemnidad.
El papa Urbano IV estableció la solemnidad del Corpus Christi mediante la bula Transiturus de hoc mundo, firmada el 11 de agosto de 1264, fijando su celebración el jueves siguiente a la Santísima Trinidad, es decir, 60 días después del Domingo de Resurrección. Para dar a la nueva fiesta toda la dignidad litúrgica posible, el papa encargó al mayor teólogo de la época la composición del oficio: nada menos que Santo Tomás de Aquino, quien compuso himnos que se siguen entonando hoy en día, entre ellos el célebre Tantum Ergo.
Los sucesores de Urbano IV no ratificaron el decreto, y la fiesta quedó suspendida hasta 1311, cuando el papa Clemente V la reintrodujo en el Concilio de Vienne. A partir de ese momento, la fiesta del Corpus se extendió por toda la cristiandad latina con una energía que no ha perdido hasta hoy.
La procesión llega a España: Valencia, la segunda ciudad
La celebración del Corpus llegó pronto a la Península Ibérica. La primera ciudad española en organizar la procesión eucarística fue Barcelona, pero Valencia le siguió casi de inmediato. La procesión eucarística fue introducida en Valencia por el obispo Hugo de Fenollet, que convirtió a la ciudad una de las primeras de la Península, después de Barcelona, en organizarla.

En Valencia, la fiesta se estableció en 1326 y procesión se instauró en 1355 gracias al obispo Hugo de Fenollet, marcando el inicio de una tradición que ha perdurado siete siglos. Aquella primera procesión recorrió las calles de la ciudad medieval con una solemnidad que impresionó a los contemporáneos. El propio obispo dejó instrucciones muy precisas: las calles debían estar limpias, las casas adornadas, y los vecinos esparcir hierbas aromáticas a su paso. Una escena que, con pocos cambios, se repite cada año.
La continuidad no fue siempre fácil. En 1356, Hugo de Fenollet falleció y las amenazas bélicas del rey castellano Pedro I el Cruel obligaron a suspender la procesión general, celebrándose alternativamente en distintas parroquias. No fue hasta 1372, bajo el cardenal Jaime de Aragón, cuando se retomó con su carácter procesional pleno. Desde entonces, con contadas interrupciones, la Festa Grossa nunca ha dejado de celebrarse.
Este año, Valencia conmemora el 700 aniversario del Corpus Christi con una programación que refuerza su carácter patrimonial y cultural. La custodia procesional de la catedral, considerada una de las más importantes del mundo con cerca de 600 kilos de plata y 8 kilos de oro, presidirá una vez más el recorrido por el centro histórico.
En el marco del aniversario, el Ayuntamiento ha iniciado los trámites para que el Corpus Christi avance hacia su declaración como Fiesta de Interés Turístico Nacional, tras haber obtenido en 2019 el reconocimiento autonómico.
Quién era Fray Bernardo Tarín: el artista que lo dibujó todo
Para entender la maqueta del museo, hay que conocer primero su fuente de inspiración. A principios del siglo XX vivía en la Cartuja de Miraflores (Burgos) un fraile cartujo de origen valenciano llamado Bernardo Tarín y Juaneda (Valencia, 1857 – Miraflores, 1925). Antes de profesar, había sido abogado; después de hacerlo, dedicó parte de su vida intelectual a recopilar y documentar la memoria de su ciudad natal.
En 1913, Tarín elaboró un álbum con minuciosos detalles de toda la procesión del Corpus Christi de Valencia tal como se celebraba hacia el año 1800. Es conocido por su obra La procesión del Corpus en Valencia, en el año 1800, que se ha convertido en una referencia básica de la iconografía del Corpus valenciano. En 1978 se realizó una reimpresión de la obra, con textos de Manuel Sanchís Guarner y una bibliografía ampliada.
Las 39 acuarelas y dibujos de la procesión, incluyendo 16 páginas dobles, retratan con precisión y gracia los personajes, grupos y símbolos de aquella procesión de finales del siglo XVIII. Cada figura está tratada con una atención al detalle que convierte la obra en un documento etnográfico de primer orden: los trajes de los gremios, los pasos bíblicos, las danzas, los gigantes. Es, en esencia, una fotografía en color de un mundo que ya no existía cuando Tarín lo pintó, y que él quiso preservar para la posteridad.
Estas acuarelas fueron precisamente el punto de partida de la obra más monumental del Museo L’Iber.
Vicente Juliá, «Chauve»: el maestro que lo recreó en plomo
Hablar del Corpus Christi del Museo L’Iber es hablar de Vicente Juliá, conocido en el mundo del soldadito de plomo por el nombre de su taller: Chauve. Vicente Juliá nació en Tetuán y ha alcanzado en el campo de la miniatura en plomo todos los premios posibles y el reconocimiento de los medios de comunicación. Era valenciano de familia, aunque nació en Tetuán y se afincó en Madrid, ciudad donde construyó su carrera y se convirtió en una figura central del miniaturismo español.
Chauve fue una juguetería y taller situado en Madrid en la calle Jorge Juan 31, donde Vicente Juliá ejerció toda su actividad artesanal y creativa durante casi 40 años. El local se convirtió en un referente del miniaturismo y de los soldados de plomo. Quien pasaba por el barrio de Salamanca en los años 70 y 80 del siglo pasado no podía evitar detenerse ante sus vitrinas, llenas de figuras pintadas a mano con una precisión asombrosa.
Vicente Juliá, Chauve, es un maestro consagrado en el campo de las miniaturas de plomo, famoso por sus colecciones y dioramas, y creador de un nuevo género: la esculpintura, que representa cuadros y escenas históricas en tres dimensiones. No se limitaba a reproducir soldados: reconstruía momentos, atmósferas, texturas. Además del Museo L’Iber de Valencia, la obra del maestro se exhibe en el Museo del Ejército, el Museo Naval y la sede del Ministerio de Defensa.
Vicente Juliá fue, además, gran amigo personal de Álvaro Noguera Giménez, fundador del Museo L’Iber y padre del actual director Alejandro Noguera Borel. Esta amistad no era solo afectiva: era la unión de dos hombres que compartían una misma pasión —el soldadito de plomo como forma de transmitir historia— y una misma convicción sobre su valor cultural. Muchas de las obras de Chauve que se conservan en el museo llegaron a través de esa relación de confianza y generosidad mutua.
La obra del museo: 1.227 piezas, 27 metros, una ciudad entera
La procesión fue un encargo de Don Álvaro Noguera al maestro soldadero Don Vicente Juliá quien, a través de su marca Chauve, realizó la procesión con figuras de 45 mm. Inspirándose directamente en las acuarelas de Fray Bernardo Tarín, Chauve esculpió, moldeó y pintó cada figura a mano. Hoy la maqueta cuenta con 1.216 piezas y se despliega a lo largo de más de 27 metros en la antigua capilla del Palacio de Malferit, el edificio renacentista que alberga el museo en el corazón del Carmen valenciano. Museo Iber
El resultado es una obra única en el mundo: una impresionante recreación tridimensional que ofrece un recorrido visual de gran magnitud por toda la estructura de aquella procesión valenciana de finales del siglo XVIII. Contemplarla es como asomarse a una Valencia que ya no existe pero que nunca se fue del todo. El Debate
El recorrido de la maqueta reproduce fielmente el orden procesional. Veamos sus grandes grupos:
Los gigantes, cabezudos y cirialots
La procesión se abría con los gegants i cabuts —gigantes y cabezudos—, figuras de gran tamaño que representaban reyes, reinas y personajes exóticos. Su función era popular y festiva: abrían paso entre la multitud y marcaban el carácter de fiesta mayor que tenía el Corpus. Los cirialots eran los portadores de los grandes cirios procesionales, verdaderos elementos arquitectónicos de luz en aquel desfile nocturno.

El baile de la Moma
Uno de los momentos más esperados y reconocibles de la procesión es el ball de la Moma, una danza alegórica en la que la Virtud —representada por la Moma, una figura femenina— vence a los siete pecados capitales. En la maqueta de Chauve, esta escena aparece reproducida con todo su colorido: los danzantes vestidos de vicios intentando alcanzar a la Moma, que los esquiva con gracia hasta derrotarlos uno a uno.
Los personajes bíblicos
Uno de los bloques más llamativos de la procesión valenciana es el desfile de figuras del Antiguo Testamento. El más conocido por el pueblo es el que llaman popularmente el abuelo Colomet: se trata de Noé, el anciano del arca y la paloma, símbolo de esperanza y renovación. Le acompañan Adán y Eva con sus atributos clásicos, seguidos de una larga comitiva bíblica: Abraham e Isaac, Jacob y las doce tribus, Melquisedec, los Levitas con el Arca de la Alianza, Gedeón, Caleb. La procesión valenciana construía así, en plena calle, un relato visual del Antiguo Testamento que sus espectadores reconocían y celebraban.
Las parroquias de Valencia

La ciudad medieval se organizaba en parroquias, y cada una de ellas desfilaba con su imagen titular y sus feligreses. Entre las más antiguas y significativas están:
- San Esteban: la parroquia más antigua de la ciudad, donde según la tradición fue bautizado San Vicente Ferrer en 1350.
- San Nicolás de Mira: dedicada al patrono de los navegantes, marineros y niños; una de las más queridas por el pueblo valenciano.
- San Martín: con una de las imágenes más bellas de la Valencia barroca, presidida por la escena ecuestre del santo compartiendo su capa.
- Santos Juanes: junto a la Lonja, corazón del comercio medieval valenciano.
- San Andrés, San Agustín, San Valero y San Vicente, Santísima Cruz, entre otras, completaban el mosaico parroquial de la ciudad.
Los gremios
El tejido económico de la Valencia preindustrial también tenía su lugar en la procesión. Los gremios desfilaban en orden establecido, con sus estandartes y símbolos. En la maqueta de Chauve aparecen representados entre otros:
- Los cadirers (silleros), artesanos del mueble de asiento.
- Los pelaires, gremio textil dedicado al cardado y preparación de la lana.
- Los molineros, esenciales para la vida cotidiana de la ciudad.
- Los cerrajeros y hojalateros, trabajadores del metal y la ferretería doméstica.
- Los zapateros, uno de los gremios más numerosos y populares de la Valencia medieval.

Cada gremio llevaba su imagen patronal y sus colores propios, convirtiendo la procesión en un retrato completo de la sociedad valenciana del Antiguo Régimen.
La Custodia y las autoridades

El punto culminante de toda la procesión era —y sigue siendo— la llegada de la Custodia, el relicario monumental que porta el Santísimo Sacramento. Flanqueada por acólitos con incensarios y clero de todas las corporaciones religiosas de la ciudad, su aparición provocaba el silencio y la genuflexión de todos los presentes. Cerraba el cortejo la representación de las autoridades civiles y militares de la ciudad: el Consell, los magistrados, los capitanes. Poder religioso y poder civil, unidos en la misma deferencia ante el sacramento.

Un testimonio único del folclore valenciano
La maqueta del Corpus muestra tanto a los representantes de la parte eclesiástica como a los de la parte civil y militar, además de los famosos gigantes y cabezudos, el baile de la Moma, la Custodia, las águilas, los personajes bíblicos y mucho más. Museo Iber
Lo que hace verdaderamente excepcional a esta obra no es solo su escala —aunque 27 metros y 1.216 piezas en 45 mm ya son en sí mismos un logro técnico notable— sino su función como documento histórico tridimensional. Las acuarelas de Fray Bernardo Tarín registraron en papel lo que ya era en 1913 un mundo en parte desaparecido; la escultura y pintura de Vicente Juliá Chauve lo convirtió en un objeto que podemos contemplar desde todos los ángulos, que da volumen y presencia a lo que de otro modo serían páginas de libro.
La maqueta de Chauve no está exenta de una amenaza que afecta a buena parte de la colección del museo: la corrosión del plomo, conocida en el ámbito de la conservación como mal del plomo. El propio director del Museo L’Iber, Alejandro Noguera Borel, estudió este fenómeno en profundidad en su trabajo La restauración del soldadito de plomo (Valencia, 1995), publicado tras revisarlo y aumentarlo más tarde en la obra colectiva Soldadictos 1. Pasión por los soldaditos de plomo (Barcelona, 2025). El proceso se produce cuando el plomo reacciona con la humedad, el dióxido de carbono y los ácidos orgánicos presentes en el ambiente —incluso los emitidos por la madera de las vitrinas o las propias pinturas de las figuras—, generando carbonato básico de plomo, un polvo blanquecino que desfigura los detalles más finos y, en los casos más graves, hace saltar la capa de pintura original desde el interior. El clima húmedo de Valencia y las características del edificio histórico que alberga el museo agravan el problema. Parte de las piezas de esta procesión presentan ya signos de esta corrosión, lo que convierte su conservación preventiva en una tarea permanente y prioritaria para el museo.
Esta maqueta puede verse en el Museo L’Iber, situado en el Palacio de los Marqueses de Malferit, en pleno barrio del Carmen de Valencia.
Si este domingo 7 de junio asistes a la procesión del Corpus Christi por las calles del centro histórico, antes, o en cualquier momento, puedes venir a verla reproducida en miniatura, figura a figura, tal y como era hace más de dos siglos. La Festa Grossa es así: siempre presente, siempre viva.
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Sobre el autor — Alejandro Noguera Borel, Director del Museo L’Iber y de la Fundación Libertas 7. En el mundo del soldadito desde los años 70.
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