Calle Caballeros 22: del Ministerio de Justicia al Museo L’Iber

  • Categoría de la entrada:Efemérides

14 DE ABRIL DE 1931

El nacimiento de la Segunda República

y el palacio donde se fraguó la igualdad jurídica de la mujer en España

El edificio que hoy alberga el Museo L’Iber Valencia, en la calle Caballeros 22, guarda una historia que va mucho más allá de su arquitectura gótica. Entre noviembre de 1936 y mayo de 1937, el Palacio de los Marqueses de Malferit fue sede del Ministerio de Justicia de la Segunda República, dirigido por el ministro anarquista Juan García Oliver. Desde estas mismas salas se aprobó el primer decreto que reconoció la plena igualdad jurídica de la mujer en España. Este es el relato de cómo sucedió.

El agotamiento de la monarquía

En la primavera de 1931, la monarquía de Alfonso XIII atravesaba una crisis profunda de legitimidad. El apoyo real a las dictaduras del general Miguel Primo de Rivera (1923–1930) y del general Dámaso Berenguer había erosionado el crédito de la Corona ante amplios sectores de la opinión pública y de las élites políticas. La situación no era de simple confrontación ideológica: republicanos de distinto signo, socialistas, nacionalistas catalanes y vascos, e incluso sectores del ejército coincidían en que el régimen carecía ya de viabilidad.

El 17 de agosto de 1930 tuvo lugar el llamado Pacto de San Sebastián, una reunión promovida por la Alianza Republicana en la que delegados de diversas organizaciones acordaron una estrategia común para acabar con la monarquía. No se levantó acta escrita, lo que ha dado lugar a interpretaciones diversas sobre el alcance exacto de los compromisos adquiridos.

El comité revolucionario resultante planó una insurrección apoyada en una huelga general, pero el plan fracasó cuando los capitanes Fermín Galán y Ángel García Hernández se adelantaron y sublevaron la guarnición de Jaca el 12 de diciembre de 1930, tres días antes de la fecha prevista. Sometidos a consejo de guerra sumarisísimo, fueron fusilados el 14 de diciembre. Su muerte los convirtió en mártires y movilizó a la opinión pública contra el régimen.

Las elecciones municipales del 12 de abril de 1931

El almirante Juan Bautista Aznar, presidente del Gobierno desde febrero de 1931, convocó elecciones municipales para el 12 de abril. Todas las fuerzas políticas, desde los monárquicos más intransigentes hasta los comunistas, las trataron como un plebiscito sobre el régimen. La participación fue del 67 %, siete puntos por encima de las últimas municipales de 1922.

Los resultados dibujaron una geografía política reveladora. En conjunto, las candidaturas monárquicas obtuvieron más concejales, pero su implantación se concentraba en los municipios rurales, donde las redes del caciquismo seguían funcionando. Las candidaturas de la Conjunción Republicano-Socialista ganaron en las grandes ciudades y en 41 de las 50 capitales de provincia. Este es un matiz historiográfico importante: no fue una derrota aritmética de la monarquía, sino una quiebra de legitimidad política en los centros de poder urbano. Los datos electorales detallados pueden consultarse en historiaelectoral.com.

El rey y su Gobierno comprendieron el mensaje. Tras una jornada de deliberaciones el día 13, Alfonso XIII optó por el exilio y abandonó España por el puerto de Cartagena. Antes incluso de que la marcha del rey fuera pública, la República fue proclamada en una cascada de ayuntamientos de todo el país. El 14 de abril de 1931, el gobierno provisional presidido por Niceto Alcálá-Zamora tomó el poder de forma pacífica.

Una transición sin precedentes

La singularidad del 14 de abril no pasó inadvertida para los contemporáneos: una monarquía centenaria cedía el paso a la República sin violencia, como consecuencia directa de unos comicios municipales. Se trata de un episodio excepcional en la historia política europea contemporánea.

Ello no significa que el camino que siguió la República fuera fácil. Sus años de vigencia (1931–1939) estuvieron jalonados de tensiones sociales agudas, intentos de golpe de estado desde distintos ámbitos políticos, una polarización creciente y, finalmente, una guerra civil devastadora. La Segunda República fue, con todas sus contradicciones, el experimento democrático más ambicioso de la historia española hasta entonces.

Valencia, capital de la República en guerra

Cuando el 18 de julio de 1936 los generales sublevados iniciaron la insurrección contra el gobierno republicano, el conflicto que siguió obligó a replantear la geografía del poder. El 6 de noviembre de 1936, con Madrid sitiada por las tropas franquistas, el gobierno de Francisco Largo Caballero se trasladó a Valencia, que pasó a ser la capital efectiva del Estado hasta octubre de 1937.

Para alojar los ministerios y servicios del Estado se recurrió a la incautación o cesión de palacios pertenecientes a familias aristrocráticas. La calle Caballeros —llamada entonces calle Metalurgia— concentró dos ministerios: el de Agricultura, en el Palacio de Trenor (nº 39 de la Metalurgia, hoy nº 43 de Caballeros), y el de Justicia, en el Palacio de Malferit (nº 26 de la Metalurgia, hoy nº 22 de la calle Caballeros, sede actual del Museo L’Iber).

Fachada Palacio Malferit Calle Caballeros 22 Valencia Museo L'Iber

El propio ministro de Justicia describe el edificio en sus memorias:

«Se trataba del palacio de un marqués, edificio de muy buen aspecto, con enormes vigas de madera sosteniendo los techos. Entrada amplia, con un pequeño patio en el centro y dependencias vacías en toda la planta baja. En el primer piso, una sala de recibir, un gran salón y una salita contigua. En las paredes de todas las habitaciones del primer piso había cuadros antiguos, la mayor parte de motivos religiosos y algunos paisajes.»

Juan García Oliver, El eco de los pasos, Ruedo Ibérico, París, 1978.

Juan García Oliver: el ministro anarquista

Quien firmó esas líneas es una figura singular en la historia política española. Juan García Oliver (Reus, 1901–Guadalajara, México, 1980) era uno de los dirigentes más influyentes de la Confederación Nacional del Trabajo (CNT), la gran central sindical anarcosindicalista, y miembro de la Federación Anarquista Ibérica (FAI). Había pasado por la cárcel en varias ocasiones y era un convencido enemigo del Estado.

El 12 de noviembre de 1936 asumió la cartera de Justicia en el gobierno de Largo Caballero, un nombramiento sin parángono en la Europa de la época: por primera vez, un anarquista convicto y confeso aceptaba una cartera ministerial en un Estado moderno. Ejerció el cargo durante once meses, hasta el 15 de mayo de 1937. El propio García Oliver relata con lucidez crítica en sus memorias las resistencias internas en el movimiento libertario y sus propias dudas antes de aceptar. Según Alejandro Noguera, actual director del Museo L’Iber, es probable que su despacho se encontrara en lo que hoy es la Sala Victoria Eugenia del museo.

Una revolución jurídica desde este palacio

Desde el Palacio de Malferit, García Oliver impulsó lo que él mismo denominó una «revolución jurídica». Creó una Comisión Asesora Jurídica integrada por juristas de distinto signo político —republicanos, federales, sindicalistas y comunistas— y le encargó proyectos de decreto sobre materias que el ordenamiento español tenía pendientes desde hacía décadas.

El más trascendente fue el Decreto de 4 de febrero de 1937, publicado en la Gaceta de la República, núm. 35, págs. 635–636. Su artículo primero establecía:

«El sexo no origina diferencia alguna en la extensión y ejercicio de la capacidad civil. La mujer, sea cualquiera su estado, tiene la misma capacidad que las Leyes reconocen o puedan reconocer al hombre para ejercer todos los derechos y funciones civiles.»

García Oliver justificó la medida en el preámbulo del propio decreto, señalando que era necesaria «porque así lo exige la revolución jurídica operada en nuestro país, incompatible con los arcaicos privilegios que las leyes conceden y otorgan por razones de sexo». Y en sus memorias explicó el alcance concreto de la reforma:

«¿Cuántas mujeres de España se han enterado de que desde el 4 de febrero son mujeres libres? […] Pensad en el contraste y lo absurdo que suponía que hubiese una mujer casada, que fuese elegida alcaldesa, diputado, ministro, que hiciese leyes y que en cambio no pudiera disponer de ella en el concepto civil ni de sus bienes. No podía ni siquiera salir de casa para irse a otra parte sin el permiso del marido.»

Juan García Oliver, El eco de los pasos, Ruedo Ibérico, París, 1978.

El decreto complementó el sufragio femenino reconocido por la Constitución republicana de 1931 con un plano de igualdad mucho más cotidiano y efectivo: el de la vida civil. Desafortunadamente, fue derogado por la dictadura franquista, que restauró la incapacidad jurídica de la mujer casada. Habría que esperar décadas para que España recuperara ese nivel de igualdad.

Desde este mismo palacio se impulsaron también otras reformas: la legalización de matrimonios civiles, la agilización de los trámites de adopción de menores huérfanos —especialmente urgente en tiempo de guerra—, y la amnistía de delitos comunes anteriores al 18 de julio de 1936.

Patrimonio vivo: visita el Museo L’Iber

El Palacio de los Marqueses de Malferit es, por tanto, mucho más que el contenedor arquitectónico de la mayor colección de soldaditos de plomo del mundo. Sus muros han sido testigos de dos momentos cruciales de la historia española: el nacimiento pacífico de la Segunda República, cuyo aniversario se conmemora cada 14 de abril, y la legislación que por primera vez en la historia de España reconoció la plena igualdad jurídica entre hombres y mujeres.

Pasear por sus salas es, también, un recorrido por esa historia. Si quieres vivirlo en primera persona, consulta nuestras entradas y visitas guiadas.

Fuentes y referencias

García Oliver, Juan. El eco de los pasos. París: Ruedo Ibérico, 1978. [Fuente primaria; memoria del ministro de Justicia de la Segunda República]

Decreto de 4 de febrero de 1937 (capacidad jurídica de la mujer). Gaceta de la República, núm. 35, págs. 635–636. Agencia Estatal BOE, hemeroteca histórica.

Constitución de la República Española, 9 de diciembre de 1931.

Datos electorales municipales de 1931: www.historiaelectoral.com.

Aragó Carrión, L.; Azkárraga Testor, J. M.; Salazar Bonet, J. Guía Urbana. Valencia 1931–1939: La ciudad en la II República. Universitat de València, 2011. ISBN 9788437085937. Fuente de la numeración histórica de la calle Metalurgia; consultable en uv.es/republica.

Mulinas, Leonardo. «El Ministerio de Justicia en el Palau de Malferit». Conferencia, Valencia, noviembre de 2016. Reseña en Valencia Plaza.

Palacio de los Marqueses de Malferit. Museo L’Iber – Fundación Libertas 7.