El disparo que cambió el siglo: el atentado de Sarajevo de 1914 en el Museo L’Iber

Efeméride · 28 de junio de 1914

Diorama del atentado de Sarajevo de 1914 con figuras Wiepla de 54 mm esculpidas y pintadas por Peter Ewald Kovar, Museo L'Iber
Diorama del atentado de Sarajevo (1914) con figuras Wiepla de Peter Ewald Kovar — Museo L’Iber, Valencia

Cada 28 de junio, el calendario nos devuelve a una de las jornadas más decisivas de la historia contemporánea. Aquel domingo de 1914, dos disparos en una calle de Sarajevo acabaron con la vida del archiduque Francisco Fernando de Austria. El heredero del trono austrohúngaro murió junto a su esposa Sofía, duquesa de Hohenberg. El autor del atentado fue Gavrilo Princip, un joven nacionalista serbobosnio de diecinueve años, miembro de la organización Joven Bosnia. En apenas cinco semanas, aquel atentado encendería la mecha de la Primera Guerra Mundial. En el Museo L’Iber, ese instante está congelado en un diorama a pequeña escala. La pieza recrea el automóvil descubierto, a sus ocupantes y el segundo justo anterior a la tragedia, con figuras del tallerista vienés Peter Ewald Kovar, de cuyo trabajo hablaremos al final de este artículo.

El ocaso del Concierto de Europa

El Concierto de Europa nació tras las guerras napoleónicas. Durante un siglo, permitió que las grandes potencias resolvieran sus disputas por la vía diplomática, evitando un choque general. Sin embargo, hacia 1914 ese sistema de equilibrios estaba agotado. La generación de estadistas que había conocido el coste real de la guerra había desaparecido. Sus sucesores eran más ambiciosos y menos cautelosos. Se movían, además, en un terreno cada vez más inestable. La diplomacia imprevisible del káiser Guillermo II y el revanchismo francés por la pérdida de Alsacia y Lorena tensaban el ambiente. Por su parte, la expansión colonial británica y el ascenso militar ruso disimulaban mal las grietas del régimen zarista. Asimismo, el Imperio Austrohúngaro era un complejo mosaico de nacionalidades, cada vez más difícil de gobernar. A todo ello se sumaba el progresivo desmembramiento del Imperio otomano. La guerra italo-turca de 1911-1912 y las Guerras de los Balcanes de 1912-1913 dejaron a Serbia fortalecida y ambiciosa en la región.

Dos bloques frente a frente

Para el verano de 1914, Europa se había dividido en dos sistemas de alianzas. Por un lado estaba la Triple Entente, que unía a Francia, el Reino Unido y el Imperio Ruso. Por otro, la Triple Alianza, formada en 1882 por el Imperio Alemán, el Imperio Austrohúngaro y el Reino de Italia. No obstante, conviene matizar este segundo bloque. Italia optó por la neutralidad en 1914, al considerar que la alianza era defensiva y que Austria-Hungría había sido la agresora. En 1915, además, terminaría incorporándose al bando de la Entente. Los verdaderos Poderes Centrales fueron, por tanto, Alemania y Austria-Hungría. Más adelante se les uniría el Imperio Otomano.

Joven Bosnia y la Mano Negra: la conjura de Sarajevo

En ese contexto llegaron a Sarajevo Gavrilo Princip y otros cinco jóvenes serbobosnios. Todos eran miembros de Joven Bosnia y tenían un objetivo: asesinar al heredero del imperio que administraba su tierra natal desde 1908. El grupo contaba, además, con el respaldo logístico de la Mano Negra (Ujedinjenje ili Smrt, ‘Unión o Muerte’). Se trataba de una sociedad secreta nacionalista serbia cuyos miembros incluían oficiales del ejército y figuras destacadas de la vida pública de Belgrado. El grado de implicación directa del gobierno serbio en la planificación del atentado sigue siendo objeto de debate. Más de un siglo después, los historiadores no han llegado a un consenso. Conviene, por tanto, no darlo por probado sin matices.

La mañana del atentado: la bomba que no llegó a su objetivo

El plan original era atacar con explosivos la comitiva del archiduque. La ocasión era su traslado al ayuntamiento de Sarajevo, tras revistar unas maniobras militares en los alrededores. La escasa seguridad del cortejo facilitó el primer intento. Uno de los conjurados, Nedeljko Čabrinović, lanzó una bomba contra el vehículo del archiduque. Sin embargo, el artefacto rebotó en la capota plegada del automóvil y estalló bajo el coche siguiente, dejando varios heridos. Ya en el ayuntamiento, visiblemente alterado, Francisco Fernando decidió modificar la agenda prevista para visitar a los heridos en el hospital.

El giro fatal hacia la calle equivocada

Para evitar el centro de la ciudad de camino al hospital, el gobernador Oskar Potiorek ordenó seguir recto por el muelle Appel. El problema fue que nadie informó del cambio de ruta al chófer, Leopold Lojka. Por inercia, Lojka giró hacia la calle Francisco José. Allí, casualmente, esperaba Gavrilo Princip frente a una tienda de comestibles, tras dar por fracasado el segundo intento. Al advertir el error, Potiorek gritó al conductor que se detuviera. Lojka frenó e intentó dar marcha atrás, pero el motor se caló a escasos metros del asesino. Princip se aproximó al lateral del vehículo, sacó una pistola FN modelo 1910 y disparó dos veces a bocajarro.

Dos vidas que se apagan en minutos

La primera bala alcanzó al archiduque en el cuello. La segunda impactó a la duquesa Sofía en el abdomen. Sofía se desplomó casi de inmediato, cayendo entre las rodillas de su marido. Francisco Fernando, todavía consciente, le suplicó que no muriera: «Sopherl, Sopherl, no mueras», según el relato más citado del episodio. Sofía falleció prácticamente en el acto. El archiduque fue trasladado a la residencia del gobernador, donde murió pocos minutos después. Sus últimas palabras, al ser preguntado si sufría, fueron: «no es nada».

De un disparo a la guerra mundial: la cuenta atrás de julio

Lo que siguió fue una cadena de decisiones diplomáticas imposible de detener. Un mes después del atentado, el 23 de julio, Austria-Hungría envió un ultimátum a Serbia con exigencias que comprometían su soberanía. Serbia respondió, pero su respuesta fue considerada insuficiente. Por ello, Austria-Hungría le declaró la guerra el 28 de julio. Rusia, aliada de Serbia, inició entonces la movilización general. Alemania respondió declarando la guerra a Rusia el 1 de agosto y a Francia el 3 de agosto. Además, el 4 de agosto invadió la neutral Bélgica. Ese mismo día, el Reino Unido declaró la guerra a Alemania en defensa del tratado de neutralidad belga. En apenas semanas, el sistema de alianzas que debía evitar la guerra la había generalizado. Hacia finales del verano, las bajas en los distintos frentes se contaban ya por cientos de miles. El mundo que emergió de aquel conflicto era irreconocible respecto al de junio de 1914.

Portada de Le Petit Journal de 1914 ilustrando el asesinato del archiduque Francisco Fernando y la duquesa Sofía en Sarajevo
Asesinato del archiduque Francisco Fernando y la duquesa Sofía en Sarajevo — Le Petit Journal, 1914 (dominio público)

El atentado en miniatura: el diorama de Peter Ewald Kovar

El Museo L’Iber conserva una recreación a pequeña escala de aquel instante. El automóvil descubierto, sus ocupantes y el momento previo al disparo están reconstruidos con el rigor documental propio de la miniatura histórica vienesa. La pieza es obra de Peter Ewald Kovar, uno de los últimos Zinngießer —fundidores de figuras de estaño— en activo en Viena.

Kovar descubrió su pasión por las figuras de estaño en 1963, primero como coleccionista y muy pronto como artesano. Al no encontrar en el mercado las piezas que deseaba, aprendió por su cuenta la técnica tradicional del grabado sobre molde de pizarra (Schieferstein). Esta técnica consiste en tallar el negativo de cada figura sobre dos planchas que después se rellenan con aleación de estaño fundido. En 1972 fue admitido en el gremio vienés de grabadores y, en 1978, en el de fundidores de metal. De hecho, su taller restaura también moldes históricos de la firma Sichart, activa desde 1825. Además de artesano, Kovar ha sido oboísta en la orquesta de los Vereinigte Bühnen Wien, una combinación poco habitual que él mismo ha descrito en diversas entrevistas a lo largo de su carrera.

La producción del taller se organiza en varias líneas. La más conocida son las Flachfiguren, las clásicas figuras planas vienesas en 30, 50 y 80 mm. Una de ellas —una procesión del Corpus Christi de la Viena del siglo XVIII con más de 400 piezas— forma parte también de la colección permanente del Museo L’Iber. Sin embargo, el diorama del atentado de Sarajevo no usa esta técnica. Está realizado con Wiepla, acrónimo de Wiener Plastische Figuren (‘figuras plásticas vienesas’). Esta línea produce figuras de 54 mm totalmente tridimensionales, de bulto redondo, pensadas para escenas que requieren volumen y profundidad de campo. Es habitual confundir la marca Wiepla con la de un fabricante independiente. Conviene aclarar, por tanto, que se trata de una línea del propio taller de Kovar, no de un tallerista distinto.

Un eco que aún resuena

Visitar el diorama del atentado de Sarajevo en el Museo L’Iber es observar de cerca el fotograma exacto en el que la historia del siglo XX cambió de rumbo. Ningún protagonista de aquella mañana de junio podía sospechar las consecuencias de aquel gesto. Ni el archiduque, ni Sofía, ni el propio Princip. En pocas semanas, aquel disparo desencadenaría un conflicto que costaría millones de vidas y redibujaría el mapa de Europa. Es precisamente esa capacidad de condensar en una escena minúscula la magnitud de un acontecimiento histórico lo que hace de la miniatura una herramienta de divulgación tan singular como rigurosa. En manos de artesanos como Peter Ewald Kovar, una figura de 54 mm puede hablar más alto que cualquier libro de texto.

Sobre el autor — Alejandro Noguera Borel, Director del Museo L’Iber y de la Fundación Libertas 7. En el mundo del soldadito desde los años 70.

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